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Tu cuerpo, tu decisión: la polémica con los vestidos de Nochevieja

Año nuevo, polémica nueva con la indumentaria de Nochevieja. No falla.

El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas de Antena 3

El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas de Antena 3 El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas de Antena 3

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Da igual que hayamos entrado en 2021 en mitad de una pandemia, con toque de queda y, la mayoría, vistiendo vaqueros o pijama en el sofá sin salir de casa, que la preocupación siempre es la misma: ¡el vestido de Cristina Pedroche para dar las campanadas! Y así, por lo menos, hasta febrero. Las críticas se reparten entre quienes piensan que sus vestidos son muy feos, y quienes consideran que es un mal ejemplo porque se presta a la cosificación de la mujer por ir escasa en tela, aunque sea su estilo, su persona y su personaje, y exclusivamente la representación de sí misma.

Sobre gustos no hay nada escrito, pero sobre disgustos hay ríos de tinta sin un aporte excesivo. La realidad es que cuesta entender cómo a alguien le parece mal un vestido para una performance televisiva, que también podría encajar para ir a una fiesta de intercambio de parejas, a Pachá Ibiza cuando pase la pandemia o para teletrabajar, y lo siga consumiendo año tras año con la misma pataleta en vez de dedicarse a algo que le guste y ya está. ¿Alguien ha visto a una trapecista del Circo del Sol en vaqueros? Otro show al que la vida tampoco nos obliga a ir ni a poner en tela de juicio cada vez que montan, valga la redundancia, un circo.

¡Is miy mil ijimpli! ¿Quién toma como ejemplo para su vida la vestimenta de las presentadoras en una gala de Nochevieja? Un asunto que, a mi ver, se mezcla confusamente con el feminismo, como si el feminismo proclamase vestir con una cantidad de tela y diseño determinados. No es lo que llevas, sino cómo lo llevas. Si siguiesen vivas las sufragistas, se partirían de risa con estas movidas. Porque, quizás, lo que sí sería machista es imponer el largo máximo que puedes llevar en la falda y que suponga el indicador de tu dignidad o falta de ella. Uy, ¿a qué recuerda esto? ¿A los cortes de pelo predeterminados por la dictadura en Corea del Sur? ¿A la Sección Femenina quizás? Los vestidos con cristales son frágiles, pero la memoria española, más.

¿Por qué es más indigno ir medio desnuda que precintada hasta las cejas sin libertad de movimiento? A Anne Igartiburu no se le critica con la misma crudeza porque va más tapada, pero quien considera más "feminista", más digno o más ejemplar un vestido estilo sirena de cuello alto con encorsetado decimonónico como el que ella viste porque cubre más parte de piel de su anatomía, es porque no tiene ni idea de lo incómodo que es llevarlo, que no te deja doblarte, sentarte sin que se te corte la respiración ni ir al baño sin ayuda de nadie. Porque a ver ahora quién discute la dignidad, la opresión femenina y lo machista de cada cual.

Pero ni Pedroche con sus pareos de lentejuelas ni Igartiburu con sus vestidos ceñidos de sirena; ninguna es más o menos ejemplar, son sus estilos, sus shows y sus decisiones, y tú también tienes libertad de elección para vestirte igual si así lo deseas o llegar en chándal de táctel hasta el final de tus días. No lo considero feminista ni antifeminista, sino una manera más de espectáculo con un objetivo claro cada año dentro de un contexto atípico como es comerte un plato de uvas a las doce de la noche una vez al año. Porque ya me dirás si no podemos ser más ridículos comiendo uvas para cambiar de año, ya sea vistiendo ropa dorada, mallas del gimnasio o en pelotas.

Porque sobra decir que la magia de la compañera de Chicote (por cierto, ¿qué ropa llevaba?) es que sus atuendos sean lo suficientemente espantosos a la vez que preciosos como para que tú comentes lo que te encanta o lo que te horroriza y tengamos el lío montado. Tampoco es tan importante. No olvidemos que otra feliz descocada sin complejos como ella fue Ana Obregón, que al igual que Pedroche siempre ha sido ridiculizada por su aspecto y actitud, juzgada por su "escasa inteligencia", y este año se ha convertido en una señora ejemplar a raíz de un discurso, también ejemplar, marcado por la desgracia. Huele a prejuicio puesto del revés porque parece que el drama dignifica frente a hacer lo que te dé la gana sin motivo aparente. Otro detalle a revisar y, quizás, caer en la cuenta de que no es precisamente el disfraz lo que hace a las personas, independientemente de las circunstancias, fama, aspecto físico y edad.

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