Las relaciones de pareja sanas suelen ser un bonito viaje entre dos personas hacia donde les dé la gana, pero lo cierto es que otras no van a ninguna parte, aunque algunas hasta deciden casarse por la Iglesia. Muchas de ellas se identifican rápidamente con comportamientos estrambóticos, un claro sentimiento de propiedad el uno del otro y la otra del uno, suelen dar mucha pereza y nunca descubren el amor "de verdad". Esas otras abundan y son uno coñazo sin más:

Expertos en follar sencillo

Les gusta el sexo y que el mundo entero lo sepa. Prueban todo lo "normal" que se pone de moda aunque ya sea más viejo que el betún y van de Masters and Johnson con otras parejas amigas: que si los geles de placer, las bolas chinas, las esposas con pelo de peluche y las fustas de plumas para jugar al sadomaso de las "50 Sombras de Grey", o los atusadores de clítoris de Lelo de 2002. Lo último es fardar esta semana de Satisfyer, ahora que ya lo tienen hasta las Carmelitas Descalzas. Están suscritos a las newsletters de varias sexshops y se creen Carmen Vijande. Siempre llegan tarde a todo, pero disfrutan recomendando cosas caducadas y yendo de sexólogos emocionales expertos.

Vida social con parejas

Existe un tipo de pareja que una vez que sus partes han afianzado la relación, salen mayormente con otras parejas. Son como clones flechados por Cupido. Cuando han entrado en ese círculo y ser pareja es su forma de vida, vuelven de la luna de miel y las vacaciones con un listín de nuevas amistades a su imagen y semejanza: también son parejas y se quieren mucho. Porque se hacen amigos de parejas, no de las personas. Va todo en el mismo pack. Sus listas de contactos pasan a ser interminables nombres compuestos: "Ana y Luis", "Eduardo y Fernanda", "Andy y Lucas". Siempre heterosexuales, como ellos. Las parejas de los cursos de baile pasan a ser otra importante porción en su vida social con otros pares que son como una única persona. Tanto roce hace el cariño, y a veces termina con enamoramientos cruzados o sexo clandestino a escondidas de las parejas oficiales de cada cual.

Únicos e indisolubles

Se trata de esas relaciones en las que hay un portavoz por pareja que habla por los dos. Nunca comunican nada en primera persona del singular, sino que siempre comparten opinión, gustos y disgustos en todo: "nos encanta bailar bachata", "pensamos que deberían hacer nuevas elecciones", "nosotros ni de izquierdas ni de derechas". Tienen menos personalidad que un feto en su tercer mes de gestación y son siameses intelectuales.

Amor insolente en Instagram

Sus perfiles de Instagram y Facebook son como seguir a una misma persona. Suben lo mismo, dicen lo mismo, se etiquetan en todo para que no quepa duda de que estaban juntos en aquella preciosa llanura castellana y no faltan los emojis de corazones y hashtags diciéndose cuánto se aman. Son profetas y discípulos de su propio amor de golosina. Las fotos haciendo el corazón con las manos de ambos o esa imagen de moda de uno tirando de la mano del otro como quien tira de un carro para que no se lo roben, son sus estampas de cabecera y las van rotando entre la foto de perfil de Whatsapp, el fondo de escritorio y en los cursos online donde te obligan a poner un avatar para ser identificados en el foro. Pueden estar juntos hasta una década, pero no suelen durar más de un año sin ponerse los cuernos porque su amor de mentira es insostenible.

¡Estamos embarazados!

El amor sincero de verdad se confirma cuando ambos comunican que están embarazados. Suelen hacerlo por Facebook y luego tomando café en algún bar con decoración de Budas. Te fijas en sus barrigas y, ciertamente, dudas de si será Abigail o Mercurio el embarazado, pero en tu cabeza y basándote en tus básicos conocimientos sobre la gestación, sabes que solamente ella tiene la capacidad para que sea en su barriga donde se lleve a cabo ese proceso biológico denominado embarazo. Pero, ante la inmensa duda, felicitas a los dos por igual y les deseas lo mejor acariciando a Mercurio la tripa hasta rozar sus testículos hinchados como pelotas de tenis y sentir qué es una contracción de verdad.