Si en primavera se disparan las hormonas y aumentan las ganas de darle rienda suelta al placer, es el verano la época más activa sexualmente, tanto para autoamarse como para tener sexo con otras personas. Cuando calienta, apetece; cuando llega la ola de calor, se desvanece. Por eso conviene tomar ciertas precauciones a la hora de compartir ardores genitales bajo las altas temperaturas atmosféricas:

Juguetes sexuales con efecto frío

No voy a decir evidencias como que uses aire acondicionado, remuevas el aire con un ventilador o bebas agua para hidratarte y no sufrir un patatús en el intento de tener sexo haciendo un calor asfixiante, pero hay extras que pueden hacer un apaño para aliviar los ardores, como los lubricantes efecto frío o los juguetes eróticos que se enfrían en el congelador y ayudan a equilibrar los calores con unas vibraciones o masajes por debajo de la temperatura corporal. Orgasmos bajo cero y clímax del averno, el mejor contraste térmico.

No folles a las 3:00 de la tarde en un sofá de escay en la plaza de España de Sevilla

Ni a la sombra de una estepario. Este tipo de mobiliario de casa familiar de verano heredada de la bisabuela, no es el más apropiado para dejarse llevar por los calores del estío. Si ya corres el riesgo de quedarte pegado como con velcro echando una siesta, escay y sexo son un material y un acto totalmente incompatibles.

No lo hagas en el capó del coche a 35°C

En las películas aparenta apetecible ese encuentro en mitad de un bosque, en un descampado o a la puerta del garaje de una casa de pueblo en Estados Unidos a 35ºC a la sombra, pero la realidad es que quema, debilita y pueden ser peor las quemaduras en la piel que las ganas contenidas. Una fantasía de verano irrealizable. Si no quieres acabar como una ristra de salchichas a la parrilla, ya sabes, encima del coche en verano no se cepilla.

Del misionero a cuatro patas u otros roces sin penetración

Los calores veraniegos no invitan a posturas que impliquen más roce del necesario: demasiado sudor y riesgo de combustión. La cuestión es tirar de las posturas del Kamasutra que menos roce impliquen y así evitar que explote el termostato, ya sea con prácticas y equilibrismos que no exijan abrasión.

Para disimular la erección en la playa

El empalme está en tu cabeza y en la marca que dejas en la arena. Aunque el cuerpo va a su bola, sí es cierto que si llevas un nivel de excitación relajado, se rebajan las posibilidades de poner el bañador como una tienda de campaña del Decathlon. El cerebro es muy traicionero y controlar la erección requiere práctica, pero siempre puede ayudar el pensar en El Fary leyendo las 50 Sombras de Grey con un tanga de leopardo en una piscina privada. En ese “macho blandengue”, sus looks y sus chistes setenteros. Suerte.

Follar en la playa está sobrevalorado

Haga más o menos calor, hacerlo en la playa, ya sea en la arena o en el mar, tiene más inconvenientes que ventajas: la arena puede romper el preservativo, en el agua más de lo mismo por la fricción y por la sequedad vaginal y anal que éste provoca. El agua no lubrica. Además, aumentan las posibilidades de sufrir alguna picadura en los genitales o cualquier parte del cuerpo, e infección por la cantidad de bacterias que en el mar habitan. Y la mayoría de los protectores solares tampoco son buenos compañeros del preservativo al llevar aceite en sus ingredientes: la base aceitosa rompe los condones. Demasiados inconvenientes frente a un par de fugaces ventajas.