Dentro de la pandemia del covid19 no paran de emerger nuevas pandemias, unas menos llevaderas que otras. Es el caso de los runners oxidados, quienes la última vez que calzaron unas zapatillas, la moneda oficial de España eran las pesetas. Esta nueva romería del fenómeno runner que plaga las calles de deportistas urbanos no profesionales, se debe a que en la desescalada se les permite utilizar todo el municipio bajo la condición de ir corriendo, frente al paseo de persona normal, que no deja alejarse más allá de un kilómetro del domicilio particular. ¿Cómo podemos reconocer a un runner que lleva desde 1995 sin sudar?

Fondo de armario de los horrores

Ser runner en tiempos de coronavirus ya no es cosa de gente con ropa fluorescente, pulsómetro y un cuentacalorías implantado en el brazo. Con la desescalada, el runner moderno, la runner con el último grito en mallas multicolor, se están viendo desplazados por el corredor de fondo de armario vintage: destacan los pantalones de chándal de algodón tupido con las líneas laterales con camisetas de publicidad de electrodomésticos, bebidas alcohólicas y, en el mejor de los casos, de torneos deportivos que no salen ni en el histórico de Google, como: "Torneo de Petanca Vallecas 1993", "Futbito Lakers Torrevieja" o "Real Madrid B - Sporting de Chinchón 1965". La mayoría de estos personajes que han decidido desempolvar su atuendo deportivo apolillado son hombres, y más que correr, trotan ligero hasta donde el oxígeno buenamente da.

Zapatillas que meten miedo

Lo más importante para poder correr son los pies y lo que más se debe cuidar es el calzado, pero parece que a estos nuevos runners en la romería de trotar les da igual. Los más entendidos pueden ir con unas deportivas de marca de hace quince años; unos nostálgicos del caucho y el plátano por ser rico en potasio. A los más novatos y caducados, lo mismo los ves con zapatillas tipo Converse o playeras de lona que no valen para ir corriendo de aquí a la esquina porque no es calzado adecuado para amortiguar impactos y evitar lesionarse. Y salen con esto sin tener en cuenta que las clínicas de fisioterapia siguen cerradas o muy limitadas para tratar estas averías y estarán tres meses dando la turra con sus tobillos hinchados y sin asistencia, echando la culpa al gobierno por tenerlos en casa encerrados y con tufo a gel antiinflamatorio en las manos.

Accesorios vintage

Por sus accesorios vintage también los reconocerás: riñonera con el manojo de llaves, tabaco de liar y unas monedas haciendo el sonajero durante toda la carrera para no poder gastarlas porque está todo cerrado. También las muñequeras son tendencia, aunque sean de vóleibol y corriendo no tengan ninguna utilidad, así como los turbantes, porque en sus cabezas la idea de trotar creyéndose Usain Bolt era espectacular.

La tecnología es ciencia ficción

Ni cuentacalorías, ni cuentakilómetros ni móvil con alguna app de las que dibujan en un mapa tu recorrido para que compartas en redes sociales. Como mucho, un reloj grande sin más opción que la del cronómetro de la época del Alcatel One Touch Easy. Las modernidades de los últimos veinte años están a años luz de su trote. Son atletas amateur de escasa pervivencia urbana y no les merece la pena dedicar a su nueva afición grandes inversiones. Ya se ha visto al segundo día de desescalada el bajón de runners: muchos se quedaron en casa sufriendo agujetas y con los gemelos como el cuello de un cantaor flamenco. La mejor inversión es no gastar cuando no lo vas a usar más.

Al fin y al cabo, correr de cobardes.