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@BECARIA_

Carta enfurecida a mi jefe por la pandemia

Becaria le deja las cosas claras a su jefe y te sentirás identíficado con ella.

Jefe cabreado

Pixabay Jefe cabreado

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Buenos días, Rodolfo.

Me escaqueo cinco minutos de mi jornada laboral interminable para comentarte unas cosas de vital importancia. Verás, en esta empresa la normalidad nunca ha existido, pero la nueva normalidad es un absoluto suplicio. Si bien es cierto que tenemos la suerte de poder seguir trabajando, incluso de vernos "beneficiados" desde que se inició la pandemia por eso de ofrecer ciertos “servicios esenciales”, de puertas para adentro nos ahogamos. Hablaré por mí para no comprometer a Arturo ni a Marta, aunque ya sabes que tampoco te soportan.

Durante todo el tiempo que llevo trabajado aquí, teóricamente en una jornada de ocho horas al día, la práctica es insufrible: prisas, presiones, exigencias imposibles para ya, horas extra sin remunerar y persecución constante mediante mails y whatsapps fuera del horario laboral. ¿No te puedes esperar a mi horario de oficina normal? ¿O plantearte un plus económico por resolverte problemas en horas intempestivas y de ocio personal? Te va mejor que nunca y no piensas en remunerar tus exigencias extra porque eres un explotador laboral y duermes tan tranquilo con la gente trabajando para ti el doble de tiempo por la misma propina. Igual que tus servicios tienen un precio, mi tiempo y trabajo también cuestan dinero.

Me obligas a estar en la oficina todo el tiempo cuando podría hacerlo desde casa, pero si no tienes bien controlado lo que pasa por mi pantalla, no quedas tranquilo. Pues no quieras leer los mensajes privados que me llegan por Twitter y Telegram, y que respondo mientras tú estás en tu despacho tocándote el arpa entre el foro de golf y las series y películas que ves mientras a los demás nos metes prisa, que lo veo todo en el reflejo del cristal de la ventana que tienes detrás.

Aprovecho para recordarte que, ya que me obligas a venir a trabajar presencialmente, deberías proporcionarme las mascarillas correspondientes al tiempo que aquí paso para protegerme y proteger al resto. Que la protección no se hace blasfemando contra "los rojos" y el "virus chino", hay que hacerla con sentido y mascarillas eficaces, no con ese trapo sin homologar que me has dado con el logo de la empresa, que te tienes que tocar constantemente porque se cae cuando hablas y, en definitiva, no sirve para nada. Ya veo cada día que tú eres jefe hasta para no ponerte mascarilla la mayor parte del tiempo, imagino que porque ya llevas en tu cuerpo de momia desactivados todos los virus de la Humanidad y estás inmunizado por la gloria de Dios. En fin, por cierto, si quieres que lleve tu publicidad en la cara, también me la pagas.

Simplemente recordarte que no soy una ONG. Supongo que, al igual que las tuyas, mis facturas no se pagan solas, y todos estamos aquí para recibir la remuneración acorde a nuestro trabajo. A estas alturas ya habrás visto que con el salario emocional del que tanto nos ha hablado el coach de la empresa, no se vive ni se come. Que por cierto, no se le ve el pelo desde que ha empezado a empalmar bajas por estrés, depresión y ansiedad. ¿No será que él también necesita que le pagues el sueldo?

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