Cuando aparece una mujer de cierta fama con los pelos asomando bajo el brazo, independientemente de que sus motivos para aparecer así sean convicciones personales o comerciales, salen de inmediato tipos exaltados de debajo de las piedras a cuestionar lo antihigiénico de llevar el alerón sin depilar. Y lo dicen señoros de cualquier edad que no se habrán parado a analizar sus huevadas peludas después de estar ocho horas sentados en una oficina. Pero ese es asunto de otro ministerio. A Madonna ya la tachaban de fétida y guarra hace treinta años por llevar las axilas pilosas y asalvajadas, y cuando hoy vuelve a hacerse pública una pelambrera por el estilo en un cuerpo de mujer, los insultos para nada varían, incluso brillan por una mayor creatividad en su repertorio.

 

Hace cientos de años ya existían recetas para que las mujeres se hicieran brebajes con ingredientes de dudosa seguridad para quitarse los pelos de "zonas impropias para la mujer" con compuestos muy saludables para morir y, con mayor suerte, sobrevivir con unas nada discretas y estéticas quemaduras en la cara. Cuando se empezaron a comercializar hace siglo y medio las cremas depilatorias, se anunciaban con eslóganes como "El mayor placer para una mujer es el de ser bonita". Bien, está claro que nos han enseñado que ser mujer y tener pelos está mal, y debemos hacerlo para diferenciarnos del hombre. La diferencia entre ambos, es que ellos tienen vello y no deben esconderlo, y la mujer tiene que llevar la poda hecha, incluso que no se note que ahí existe pelo y que ha sido religiosamente exterminado con algún agresivo método.

¿Qué hay del calvario de depilarse o llevarlo todo calvo? Afortunadamente, en los tiempos que corren no es tan agresivo someterse a una depilación; todo depende del método, de la zona a depilar y de las manos en las que te pongas. Y, sobre todo, del ejercicio de sinceridad que hagas contigo misma llegando a la conclusión de por qué te depilas, analizando si de verdad quieres hacerlo, te gustas más sin pelos por ti misma y no por terceras personas, o lo haces porque lo dicen en la tele, en las revistas, en los anuncios y para que no te deje tu novio "por poco cuidada y femenina".

Existen posiciones que rozan el abolicionismo de la depilación, pero no me parece que sea un tema para meterse con tanto ahínco hasta el punto de casi quitarte el carnet de feminista librepensadora y vanguardista. Sí es verdad que heredamos muchas miserias que nos han sido impuestas culturalmente y a veces cuesta separar el "yo lo hago porque quiero" del "yo lo hago porque creo que quiero pero en realidad es que me están obligando". ¿Te pones unos tacones de ocho pisos porque te ves tú mejor o porque crees que otros te verán mejor aunque no puedas andar más de veinte metros como un pato mareado? ¿Te depilas solo cuando vas a tener una cita o cuando te apetece por ti, sin ningún evento a la vista, porque te gusta el tacto de tus piernas suaves o te sientas más excitable masturbándote sin un pelo entre las piernas?

Pero la realidad no es tan peluda ni tan calva como la pintan. En los vestuarios de los gimnasios se ve de todo sin ninguna repercusión pública, y mucho más frondoso que en los photocalls de premios de cine y cabeceras de revistas. Porque estando todo peludo o sin nada, y llevando el tema a mi alopecia personal, qué pinta el patriarcado en mi genitalia si cuando me depilo las cejas, las axilas o el coño, soy yo la primera beneficiada.

Firmado: Una depilada con láser no arrepentida.