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Carnavales: la polémica con los "disfraces sexys" para mujer

Becaria escribe sobre la sexualización de las profesiones en los disfraces y los ofendiditos de Carnaval.

Disfraces de Carnaval

Pxhere Disfraces de Carnaval

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¿Debe ponerse límites a la fiesta de Carnaval en cuanto al largo de la falda de un disfraz? ¿Debe el Estado intervenir en la sexualización de las profesiones de los disfraces o debe ser la gente, la que con su demanda o ausencia de ella, intervenga en el mercado de atuendos para este acontecimiento festivo? Hace unas semanas, por segundo año consecutivo, una gran superficie se vio obligada a retirar de su web disfraces de profesiones como policía o guardia civil para mujer erotizados, lo que toda la vida se ha conocido como "disfraz sexy", dadas las críticas recibidas en redes sociales por su catálogo cuan persecución cristiana sobre los paganos en la Edad Media (aunque sin matar a nadie, ojo).

El carnaval, etimológicamente, ya viene de ahí, de levantar las carnes, de subvertir el orden, y en este sentido no deberíamos tener la piel tan fina si no queremos ponernos a la altura de los ofendiditos que denuncian a revistas satíricas por sacarlos en sus portadas o viñetas caricaturizando sus miserias. Se ha generado un drama con una fiesta de risas; el carnaval es humor. Si bien es cierto que es una circunstancia machista ponerte a mirar disfraces en el Carrefour o en un bazar chino cualquiera y que casi todo el perchero de mujeres sean profesiones como cocineras en tacones o personajes infantiles como Caperucita Roja hipersexualizada con un escotazo hasta la cesta con las castañas para la abuelita; y los disfraces de hombres, lejos de tener connotaciones sexuales, refuerzan su virilidad con atuendos como los de policía o militar, y en su segunda intencionalidad, buscan provocar la risa con modelos estrambóticamente circenses como bebés adultos, personajes tipo Obélix o jugador de sumo y otros femeninos para un travestismo muy habitual, sobre todo en despedidas de soltero. Podría decirse que el disfraz unisex por excelencia es el de peluche: oso, unicornio o dinosaurio. Pero lo verdaderamente unisex es vestirte como te dé la gana, independientemente de a qué género vaya asignado el disfraz.

Y ante esta desigual circunstancia impuesta por la industria carnavalesca, ¿qué hacemos? ¿De verdad "prohibir" la venta de según qué disfraces es la solución? Se me ocurren ideas que quizás pudiesen ser más efectivas para que en los bazares no solo hubiesen disfraces de mujer sexys; ¿qué tal un "disfraz de banquero jeta sexy" con el torso desnudo y los pantalones desabrochados? ¿O un "disfraz de Pérez Reverte sexy" en calzoncillos marianos por encima de la rodilla, un puro y bloqueando perfiles en Twitter? ¿Y, quizás, un "disfraz de inspector de Hacienda sexy" con gafas de sol, desabotonado y marcando paquete? Que nadie nos limite la erotización del mal como modo de protesta entre risas. Y que también sirva para excitarnos. Qué más da.

Y dado que el carnaval es humor, no tendría sentido poner restricciones que no permitan diferenciar un disfraz de un día normal en la oficina. Al final, las tendencias carnavaleras y la equidad en nuestras pasiones, solo podemos cambiarlas las personas con nuestras elecciones.

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