Desde hace una semana, mi objetivo en la vida es encontrar pareja para hacer el famoso curso prematrimonial de la Conferencia Episcopal que dura casi tres años y que, dada su extensión, debe incluir créditos de libre configuración, optativas y máster para antes de finalizar la relación. Me comunican por el pinganillo que la pareja tiene que ser un hombre, nada de uniones de personas entre el mismo sexo ni rarezas contra natura por el estilo. El amor por el conocimiento todo lo puede.

"Juntos en Camino, + Q2", así se llama el itinerario de formación y acompañamiento de novios que sustituye a los cursos prematrimoniales habituales (sí, ya existían "cursos" para ser buenos esposos según dicta la Iglesia) que duran unas veinte horas, un suspiro frente a toda una vida con el mismo tormento de vida marital por no haberse preparado bien. Lo de ahora ya es una propuesta seria de verdad, no de “matrimonio para aficionados”. ¿Qué son veinte horas frente a tres años estudiando el amor, el coito y la castidad? Reamente, esta nueva formación tiene sus riesgos: es más larga que lo que dura una relación y toca temas que el clero conoce sobradamente, como el porno o la masturbación; el absoluto mal. Un pecado mortal. No hay nada como ponerse en manos de los expertos en los asuntos importantes de la vida, y siempre puedes acudir a los libros si faltas a alguna asignatura.

No me cabe duda de que esta formación optativa, que lo mismo te interesa o te importa un carajo, será muy útil para reconducir a las parejas por el buen camino y reducir el número de divorcios que se producen al poco de contraer matrimonio. Y dada su dilatada duración, conviene ir pensando en matricularse ya en la primera cita, no nos vaya a pillar el toro rompiendo el noviazgo con los apuntes en la mano a mitad de temario. Confío en que si a los tres meses cambio de pareja, pueda seguir yendo con la actual, sea Felipe, Javier o Guillermo porque el primero fuese un poco muermo. Rectificar es de sabias y espero que mi futuro mentor eclesiástico no tenga en cuenta que sea un poco casquívana, concupiscente y blasfema, son los nervios de la edad. La perfección no existe, pero la intentaremos rozar todo lo que sea posible.

Entre mis ventanas con el documento de inscripción y el Tinder para ver si encuentro algún apuesto novio y buen candidato para esta aventura de la formación conyugal y lo que surja, leo en mi diario parroquial de referencia que mis futuros maestros ya han eliminado una parte del temario, publicado en la propia web de la Conferencia Episcopal. Concretamente, un apartado donde proponían que «el varón los días que quiera tener relaciones sexuales deberá hacer un esfuerzo mayor y asumir ciertas tareas (por ejemplo, llevar a los hijos por la tarde al parque o pasear un par de horas) para que la mujer pueda dormir la siesta». Esta parte del texto retirada también recomendaba a la mujer «descansar para encontrarse ambos preparados para el encuentro sexual llegado el momento». Bien hecho. Detrás de cualquier afirmación, por estrambótica, desigual y machista que parezca, siempre hay detrás un gran teólogo que lo sabe todo sobre el sexo, el amor romántico, el débito genital, las relaciones y cuándo debe producirse la desfloración conyugal antes y después de tener descendencia: niños (con pene) o niñas (con vagina). Me interesa mucho esta materia.

La parte que peor creo que voy a llevar es la de la castidad, la de anular mi costumbre por atusarme el clítoris a libre erección, sola o en compañía alterna, si acaso en comunión con Dios y para de contar. «La unión carnal sólo es moralmente legítima cuando se ha instaurado una comunidad de vida definitiva entre el hombre y la mujer. El amor humano no tolera la ‘prueba’. Exige un don total y definitivo de las personas entre sí». Pero lo del himen roto, perdonadme, eso ya no hay espíritu ni ciencia que lo regenere, no vayamos a llegar a erróneas interpretaciones cuando quizás sea demasiado tarde.

 

Y en este itinerario que aborda la educación afectivo-sexual, la castidad, la masturbación, la igualdad, la infidelidad o cómo debes follar en el matrimonio, se incluyen materiales y tareas para las parejas como libros, películas, ejercicios espirituales y retiros con dibujos más propios de cuadernos de parvulitos que para personas mayores de edad en todas sus cabales. El banco de imágenes pinta variado y diverso, y en la variedad está el disgusto. Además de este arte gráfico, utilizan fuentes informativas de lo más granadas de la Santa Sede de principios del siglo XX, como "La fidelidad conyugal", una Audiencia General del Papa Pio XII en 1942, que a su vez emanará de la Edad Media, apoyándose en ideas biológicas y antropológicas ligeramente versionadas e indiscutibles. Así, a quién no se le va a quedar la lección de principio a fin para llegar en armonía juntos hasta el día del notario final. El amor es todopoderoso, y el éxtasis, una vez que le pillas el punto y lo alcanzas, ni te cuento. «Pero tú, sin novio, ahí te quedas fortaleciendo la fe, maja». Palabrita del Señor.