La sociedad se empeña en que socialicemos, aunque no queramos hacerlo. Intentamos huir cada vez que tenemos que tener una conversación con alguien que no es nuestro amigo. ¿De qué van esos humanos que Homer Simpson los describiría como “soy un hombre mágico que vive en el país feliz, en una casa de gominola en la calle de la piruleta”? Pero nos tenemos que callar y aguantar por “educación”. ¡Maldita compostura social!

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