Desde hace quince años, un grupo de amigos lleva sentándose durante cada encierro de San Sebastián de los Reyes en el mismo bordillo esperando a que pasen los toros. El bordillo está situado justo al pasar una curva entre la calle Postas y la calle Real.

Intentan aguantar la compostura a medida que se acercan los toros y el primero que se levante por miedo, paga el almuerzo. Por lo que muy pocos se levantan.

Llevan tanto tiempo con la tradición que incluso tienen sus asientos guardados en el bordillo y hasta se han hecho una acreditación para "tener el sitio organizado y controlado", explica Roberto, uno de los 'chicos de la curva'.

Pasaba el tiempo y año tras año los mismos chicos se juntaban en la misma curva para ver el encierro desde primera fila, ahora se ha convertido en una tradición.