La boda de Meghan Markle y el príncipe Harry será recordada como una de las más románticas que hemos vivido. La mirada del novio cuando la vio entrar, el piropo que le soltó cuando su padre, el príncipe Carlos, se la ‘entregó’ en el altar, las sonrisas cómplices, el cogerse de la mano durante la homilía del reverendo sin soltarse, el beso a la salida de la iglesia… ¡Conquistaron a todo el mundo!

Y, por si fuera poco, ahora sabemos que Harry quiso darle un toque especial al look nupcial de Meghan: él mismo, poco antes de celebrarse la ceremonia, fue en persona a los jardines del Palacio de Kensington y recogió algunas flores que le llevó a la florista del enlace, Philippa Craddock, para que las incluyera en el bouquet con el que Meghan sorprendía en la ceremonia celebrada en la Capilla de San Jorge en el Castillo de Windsor.

Además de la selección personal de Harry, el ramo también contaba con ‘nomeolvides’ blancas, unas flores cargadas de simbolismo ya que eran las favoritas de la princesa Diana de Gales, que estuvo presente en este día tan especial en diferentes y significativos detalles.

El bouquet también incluía la flor de Mirto de Osborne House, un imprescindible en las bodas reales británicas desde la época de la reina Victoria. Completaban el ramos otras flores como los lirios del valles, el jazmín, el astilbe y la astrantia, entre otras especies. Todas ellas unidas por una cinta de seda natural teñida.