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SINEAD O’ CONNOR EN MADRID

Los salmos de una sacerdotisa rebelde

Sinead O’ Connor sigue siendo una niña. Una niña rebelde. Por un lado, tiene esa parte en la que protesta, apunta contra las injusticias y dispara muy lejos con la sensibilidad de su voz. Por el otro, esa cara infantil que vuelve a la tierra cuando entre canción y canción dice ‘thank you’, como un pequeño que necesita atención y quiere mimos.

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La irlandesa es sacerdotisa de un grupo católico independiente y aprovecha sus directos para cantar plegarias y textos proféticos a capella, al estilo de una misa familiar, con las manos abiertas y extendidas. Lo de familiar es porque dedica los suyos cada tema y ‘los suyos’ son muchos. Se ha casado tres veces y tiene cuatro hijos.

Familiar también el público de Los Veranos de la Villa. Apenas media entrada para ver a la artista (crisis ‘habemus’, con Natalie Cole menos gente aún) en un repertorio monocorde, pero intenso en ocasiones.

Acompañada de su recién estrenado marido, Steve Cooney, y de otro músico, sonaron guitarras, piano y whistle (flauta) para desgranar los principales temas de su carrera. No faltaron clásicos como ‘Three babies’, ‘Thank you for hearing me’ o una sublime ‘Nothing compares to u’ con solo de guitarra en vez de violín.

Contra el Vaticano

El momento culminante, sin embargo, llegó con el primer bis. Sinead besó su crucifijo, se santiguo con él y fulminó el horizonte con la mirada: “Dedico esta canción al Vaticano”, proclamó, mientras sonaban de fondo los primeros compases de ‘Los Tiempos están cambiando’ de Dylan.

Curiosa esa conexión, Dylan, entre ella y el Vaticano. En 1992, Sinead rompió en televisión una foto del Papa. Dos semanas después, Bob (otro que sabe mucho de salmos) la llamó para participar en su homenaje y allí fue abucheada. El mismo Bob que llegó a tocar para Juan Pablo II quiso tenerla a su lado en un día especial.

O’ Connor se fue de Madrid dejando retazos de su último trabajo, ‘Teología’. No ha perfeccionado la buena técnica vocal que le dio a conocer, pero en cambio, sigue haciendo gala de un sentimiento exquisito para ampliar su llamada religiosa y crítica. Porque aquella foto de Juan Pablo II hecha trizas simbolizaba un toque de atención contra la pederastia. Sacerdotisa, rebelde y...profeta.

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