Miranda Kerr no creía en el amor. Cuando era una adolescente, su novio Christopher Middlebrook falleció a los 16 años de forma inesperada. Desde ese momento, Kerr se protegió el corazón y desarrolló una fobia a enamorarse.

En 2007, cuando ya había madurado y tenía unos cuantos años más, abrió las puertas de su corazón a Orlando Bloom. En el 2010 se casó con él y un año después tuvieron a su pequeño Flynn, fruto del amor que se tenía la pareja. Y finalmente en el 2013 anunciaron que llevaban un tiempo separados, pero que su ruptura era amistosa y que mantendrían una buena relación por el bien de su hijo.

Con el corazón roto y una tristeza inmensa, Miranda decidió no renunciar al amor y en mayo del 2015 conoció al que será su marido, Evan Spiegel, creador y co-fundador de la red social Snapachat.

Ambos coincidieron en una cena de trabajo que había organizado la firma de lujo Louis Vuitton y, desde ese mismo instante, surgió el amor entre la pareja. Compartían muchas aficiones, hobbies y gustos.

"Es menor que yo, pero actúa como si tuviese 50. No se va de fiesta. Va a trabajar a Venice Beach. Vuelve a casa. No salimos. Preferimos cenar aquí e irnos a la cama temprano", decía la modelo en unas declaraciones a principios de este año.

Seis meses después, el billonario le pedía matrimonio a la ex de Orlando Bloom y ella, entusiasmada, no ha dudado ni un segundo en compartir su anillo de compromiso en Instagram. Una joya elegante, distinguida y que te quita el aliento, como la mismísima Kerr.