El actor Russell Crowe ha dado rienda suelta a su felicidad y si no os lo creéis basta que echéis un ojo a la fabulosa e impresionante curva de la felicidad que decora su cuerpo. Ese mismo que un día robó los suspiros de medio mundo con su papelón en ‘Gladiator’.

De este color tan discreto se plantó el actor en un partido benéfico de críquet en el colaboró con su dilatada presencia. Atrás quedaron los tiempos de abdominales de escándalo, mañanas de footing y fibrosa figura esculpida a base de horas de gimnasio y cuidada dieta.

Hoy tan sólo un recuerdo nos hace suspirar y es que Russell no sólo está felizmente rellenito sino que además está encantado de haberse comido a sí mismo, porque si no hubiera apostado por una camisetita negra, por eso de que disimula un poquito más. ¡Russell... vuelve!