Ana Boyer y Fernando Verdasco ya son marido y mujer. La pareja se ha dado el ‘sí, quiero’ en una ceremonia en la isla Mustique a la que han asistido 60 invitados y cuyas fotos hemos podido ver exclusivamente en Hola.

Pero no es oro todo lo que reluce y después de las críticas que ha recibido el vestido de novia de ella y el traje claro de él, salen a la luz más entresijos del enlace que revela La Vanguardia.

Y es que al parecer la boda estaba programada para el 8 de diciembre, pero como los invitados llegaron antes de tiempo, se encontraron con la sorpresa de que en realidad se celebraba el 7. Eso sí, no hacía tan buen tiempo como cabía esperar, y al atardecer cayó llovizna.

Los asistentes no pudieron hacer fotos para no reventar la exclusiva, lo que no gustó demasiado. Aparte, el banquete estuvo formado por una crema tipo vichyssoise, ensalada con marisco y finalmente un caldo frío de pescado al que se le incorporaba arroz a voluntad, por lo que aseguran que algunos invitados echaron de menos platos que llenasen más como el exitoso cocido madrileño por el que se han hechos famosos los restaurantes de la familia Verdasco.

El dress code se respetó y los colores pastel fueron la tónica entre las invitadas, mientras que ellos debían de llevar chaqueta azul marino y pantalón crudo o camel. Eso sí, las críticas han llovido tanto sobre los novios, por los atuendos elegidos, como sobre los invitados, ya que se echó de menos algo más de glamour por parte de Isabel Preysler y compañía.

Por su parte, la madre de la novia al parecer tuvo un gran protagonismo sobre la velada, ya que a falta de una de las grandes ausencias, Enrique Iglesias, ella desplegó sus alas como la más Vip de entre las Vips.

Por último, los invitados tuvieron que compartir las villas en las que se alojaban, por lo que las comodidades no fueron del gusto de todos. Y se echó en falta que Juan Carmona, cuñado de Verdasco, sacara la guitarra para ambientar la fiesta con flamenquito.