María Jesús se ha cambiado varias veces de casa. Pensaba que en algún pueblo de las afueras podría librarse de sus síntomas, pero la tecnología llega hoy a todas partes. Es una persona electrosensible que, cuando pasa cerca de una red wifi, de alguien que esté hablando por el móvil o de un microondas sufre síntomas como la pérdida de la memoria a corto plazo, dolores de cabeza o vómitos.
Estos enfermos se convierten en ermitaños y en expertos medidores de ondas electromagnéticas. Salen de casa lo imprescindible. María Jesús protege su cabeza con una tela de hilo de plata. Minerva, otra afectada, tiene un traje especial y la casa forrada con papel de aluminio.
Minerva Palomar es un referente para estos enfermos. Consiguió el pasado mes de julio que un tribunal reconociera que su patología la incapacitaba para trabajar. Todo un logro para una enfermedad que muchos médicos no reconocen y achacan a problemas psicológicos del enfermo.
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