Felisa había ingresado en la Casa de la Madre casi dos meses antes del nacimiento del niño, "estaba allí porque tenía la tensión muy alta", confiesa. Pocos días antes de su alumbramiento, un médico le trasladó en su propio vehículo a la maternidad de O'Donnell para hacerle unas ecografías. Una semana después y sin ningún sintoma de haberse puesto de parto, Felisa fue sedada y dio a luz. Cuando despertó le dijeron que el niño había nacido muy débil. A su madre y a su marido ya les habían informado de que había nacido muerto.
Las razones por las que la Audiencia ha reabierto el caso han quedado expuestas en el auto del juez en el que se dice textualmente que "se produjeron una serie de circunstancias, como deficiencias en la licencia de enterramiento, en la data del embarazo, señalándose que era de ocho meses y medio, cuando había cumplido los nueve, presencia en una habitación inmediata de un matrimonio atento a la evolución de este embarazo, que hacen sospechar la existencia de una sustracción del recién nacido y la entrega a terceros".
Otra de las cosas que quedan muy claras en la sentencia es que los delitos de robo de bebés no prescriben. "A fecha de la denuncia no se tiene conocimiento del paradero ni de la identidad actual del menor, tratándose, por tanto de un delito de carácter permanente la sustracción de un menor por otras personas".
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