Tras la reforma educativa que el ministro José Ignacio Wert avanzó hace unos días en el Congreso de los Diputados, lo que ha quedado claro es que la gran apuesta del Ejecutivo es la formación profesional. Seguramente, los responsables políticos hayan tenido en cuenta el hecho de que antes de la crisis, el 44 por ciento de los universitarios que trabajaban en nuestro país, lo hacían en un puesto de menor cualificación de la que tenían. O lo que es lo mismo, sobran universitarios y faltan oficiales.
Si tomamos como modelos otros países europeos, nos encontramos que, por ejemplo, en Alemania la educación no solo fomenta la formación profesional, sino que la exporta. Ocho de cada 10 alumnos terminan sus estudios con empleo. Pero las diferencias entre las escuelas alemanas y la formación española son enormes.
En Alemania los alumnos trabajan desde el primer día, a diferencia de España donde solo hacen prácticas al final de su formación. Los estudiantes alemanes cobran, desde el primer día, 500 euros por trabajar tres días a la semana y estudiar los otros dos.
Por otra parte, el finlandés está considerado como el mejor sistema educativo del mundo y su secreto radica, en buena medida, en sus profesores. Se les considera la piedra angular del sistema. Para dar clase en el país báltico hay que superar dos extraordinarios procesos de selección. Quien los pase, tendrá por delante 6.400 horas de formación, o lo que es lo mismo, 5 veces más que en España, y de entre ellos, solo los mejores serán profesores.
En España llevamos 3 reformas educativas y 12 leyes orgánicas y somos el país europeo con una tasa de universitarios más alta ... y también el de mayor desempleo juvenil.
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