Cada día en dos mareas, mezclados entre los bañistas o en grupos numerosos. Los furtivos de la ría de Oburgo en La Coruña forman parte de un paisaje que parece imposible de erradicar. Se calcula que al día esquilman 600 kilos de marisco que comercializan a traves de restaurantes sin escrupulos que compran sus capturas sin ningún control sanitario.
A pesar del aumento de los decomisos en los últimos años, los mariscadores gallegos siguen viendo impotentes como el trabajo de cada campaña desaparece. Mientras ellos resiembran las rías, las limpian y vigilan, son los ilegales los que se llevan el beneficio de sus esfuerzos.
A plena luz del día o amparados en la oscuridad de la noche. En barca o con la marea baja, cogen todo el marisco que pueden y salen corriendo a la primera señal de presencia policial. Sus ingresos pueden llegar a los 4.000 euros cuando aumenta la demanda. La situación para los mariscadores y percebeiros tradicionales es insostenible.
Desde las cofradias aseguran que mientras el furtivismo no sea considerado delito el problema no se resolverá.
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