ATRINCHERADO EN ZARAGOZA

ATRINCHERADO EN ZARAGOZA

¿Cómo intentó el negociador evitar el suicidio de Luis Pedro?

20 horas de arduas conversaciones y mucha paciencia y constancia, así es cómo el negociador intentó evitar la tragedia de Luis Pedro en su bar de Zaragoza.

Promesas para convencer al objetivo. 20 horas de arduas conversaciones. 20 horas y tan solo dos peticiones: cigarrillos y hablar con sus familiares. Tras localizar el mejor lugar, la propia pared que comunica con el habitáculo donde Luis esta atrincherado comienzan las negociaciones.

Paciencia y constancia de un curtido policía en materia antiterrorista, antiguo jefe de la Brigada de Homicididos de la Jefatura de Policía de Zaragoza. Un constante "no te va a pasar nada" y una tensa escucha.

El diminutivo de su nombre como arma para acercarse al atrincherado. Todo parece resultar inútil, pero el agente que ha liderado las investigaciones de los casos de asesinato más importantes de Aragón no se rinde.

Le respalda la experiencia. Fue quien arrancó la confesión a Antonio Losilla,  el descuartizador de Ricla en su propia casa, ayer echó mano de todos sus recursos. Llegó incluso a darle su palabra de que no va a haber represalias. El negociador está acostumbrado a esperar sin perder los nervios.

Emplea la táctica de la disuasión para hacer cambiar de idea a Luis. Está acostumbrado y su olfato policial le va marcando los tiempos. Como ya hiciera con Cristobal Morales: el asesino de Cadetre acusado de degollar a su pareja, Vanessa Barrado.

Acostumbrando a tratar con criminales de la peor calaña tras 15 horas de negociaciones ve claro que la negociación se ha estancado y comienza a valorar el momento ideal para entrar en el local. Tras una primera incursión en el bar, Luis está dormido, tira por tierra el momento negociador y da paso a la incursión. Encabeza la entrada en el local. Su constancia, su infinita paciencia, ganarse su confianza, pero lograr llegar a hablar de tú a tú con el atrincherado no fue suficiente.

Así era el atrincherado de Zaragoza

Una obsesión le ha costado la vida. Es lo que opina el círculo más cercano a Luis Pedro Rocaful. El hombre que durante 20 horas decidió atrincherarse en en su bar de Zaragoza era, dicen una buena persona con la cabeza bien amueblada.

El hombre de 63 años posa con un arma de guerra automática. Un fusil Kalasnikov, poco común y conocido entre los aficionados a los revólveres. Nadie ha sabido explicar hasta ahora el porqué de esta fotografía en la que posa orgulloso. Lo que sí ha podido conocer Espejo Público es que el lugar donde se tomó. Una plataforma petrolífera donde trabajó como vigilante. Ése fue el único empleo que le apartó durante un tiempo de Zaragoza, su ciudad natal. El lugar donde creció su hijo de 20 años. Aragonés de pura cepa.

Luis Pedro era conocido entre sus vecinos como un hombre bueno, discreto, nada violento. Pero eso sí, había perdido su estabilidad emocional a consecuencia de la relación con Fátima, su pareja. Su interés por mantenerla a su lado hizo que le dejase 40.000 euros para pagar el traslado de la cafetería pero la relación había terminado y ahora no tenía ni pareja, ni dinero.  Ese lugar, el de la discordia se convirtió ayer para él en un refugio. El último de su vida.

Unas escaleras conducen a la segunda planta, donde hay un billar y varias mesas y sillas. En una de las paredes aledañas, se encuentra la pequeña habitación en la que se atrinchera Luis. Es a través de una ventana de esta habitación de pequeñas dimensiones por donde se producen las conversaciones con el negociador y familiares.

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