Corren los primeros años de la posguerra civil española. Antiguos hoteles o nuevos edificios, la geografía de nuestro país se puebla de los conocidos como Preventorios. Unos eran lugares destinados a la prevencion de enfermedades muy contagiosas como la tuberculosis infantil. Se ubicaban en el campo, aislados y en lugares elevados para que los enfermos respirasen aire puro, como los de la sierra de Guadarrama en Madrid.
Otros con el de la Sabinosa en Tarragona eran colonias vacacionales para los hijos de las familias mas humildes. Pero también había en los preventorios huérfanos y niños recogidos de los suburbios marginales de las ciudades, y madres solteras seleccionadas por la seccion femenina de la falange, que gestionaba estos centros. Pero, por muy lejanos que estuvieran, Aguas de Bussot, la Tablada en Guadarrama o Sierra de Espuña, los testimonios de los que por allí pasaron son tan similares como estremecedores.
A medio camino entre hospitales y centros de reeducación, la presunta labor social de los preventorios justificaba cualquier método. Niños y niñas de entre 4 y 14 años llegaban hacinados en trenes de carga. Se les despojaba de ropa y enseres personales y se les cortaba el pelo al cero.
Algunos testimonios los califican como autenticos campos de concentración. La disciplina era feroz. Estaba prohibido correr o saltar. Cualquier mirada o palabra a destiempo era castigada severamente. En los dormitorios comunales los niños eran obligados a dormir siesta dos o tres horas al día ante la creencia de que asi ganarían peso. A lo que ayudaba una comida agusanada, donde el plato estrella era una pasta de sémola a la que los niños llamaban "serrín" Las cuidadoras velaban porque nada quedara en los platos, bajo pena de humillación publica.
Pero sobre lo que allí ocurria regia la ley del silencio. El correo de los niños era censurado y nadie hacia preguntas. Así 50 años después, las heridas permanecen abiertas. La mayoría de los preventorios yacen en ruinas como silenciosos monumentos a la sinrazón. Tras sus muros sólo se aventuran ahora los investigadores de lo paranormal que buscan los mensajes de los que no pudieron vivir en paz.
Bretón no autoriza a que se entierren los huesos
El desahucio de María Teresa esconde un drama familiar
Se atrinchera y amenaza con volar el edificio
"Esa portada refleja la realidad"
Los Negociadores de los desahucios
La llamada de Bretón al 112 tras perder a Ruth y José
Sor María: "Es una tontería que busquen a sus hijos"
"!Que los padres estén tranquilos"
"Juan Luis galiardo, me ganó"
Así ha sido el año sin Ruth y José