Iñaki Urdangarín basó su defensa en echar toda la culpa a su ex socio Diego Torres con el agravante de que a la mujer de Torres la imputaron y a la Infanta no. Ahí se rompió el pacto entre caballeros. Diego Torres está dispuesto a morir matando y ahí entra Peeters, arrojado y valiente como para hacer un jaque al Rey, todo antes de ver a su cliente en la cárcel.
Dicen los que lo conocen, que a este letrado le gustan los órdagos aún a sabiendas de que su actitud provocadora enfada a jueces y fiscales y qué decir de la propia Monarquía, que de ser cierto el chantaje al que habría sometido, según El Mundo a su ex socio Urdangarin sería la gran perjudicada. De momento, el abogado va dejando caer como quien no quiere la cosa, correo tras correo, poniendo la miel en los labios de los que quieren ver hundida a la Monarquía, incluído el sindicato Manos limpias, personado como acusación popular en el caso Noós.
Peteers está jugando a muerte una partida de póquer en la que dice llevar la mejor baza. Pero, para saber si el abogado barcelonés se guarda un as en la maga, habrá que esperar a la declaración de su cliente Diego Torres. El que fuera íntimo de los Duques de Palma está, a estas alturas, dispuesto a todo.
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