Idoia y Diego quieren preparar la boda más inolvidable del mundo. Para ello, Diego, que trabaja con su madre en una empresa de organización de bodas, se pondrá manos a la obra con la ayuda del resto de sus compañeros y, por supuesto, de la novia y protagonista de este acontecimiento, Idoia, que acaba de terminar la carrera de turismo y trabaja en una empresa de telefonía móvil.
El primer reto para cumplir este plan perfecto será encontrar un lugar para alojar a los más de 100 invitados durante un fin de semana entero, ya que los novios no querían hacer la típica boda de iglesia y banquete, y buscaban un entorno rural fuera de la gran ciudad.
Otra de las peculiaridades es que en la familia del novio, las sucesivas generaciones han mantenido la tradición de casarse en la misma fecha: el 10 de septiembre, caiga en el día de la semana que caiga. Afortunadamente para Idoia y Diego, esta fecha les coincidió en sábado, lo que hizo las cosas mucho más fáciles para que todos los invitados pudieran desplazarse.
El resultado final, una boda de mucho llorar, una boda emocionante como pocas donde nadie fue capaz de contener las lágrimas: una boda donde se desbordaron los sentimientos y donde ningún pañuelo permaneció seco.

