En pocas horas la humanidad saldrá de dudas y sabrá si el final del llamado calendario largo maya el próximo 21 de diciembre es también el fin del mundo o éste quedará aplazado como tantas otras veces.
Las disparatadas predicciones sobre un inminente apocalipsis este viernes han llevado a los más miedosos a hacer preparativos, mientras otros se lo toman a broma y la mayoría aprovechan para hacer caja.
Es el caso del auge de la construcción de búnker para sobrevivir al cataclismo o del turismo en los países de la antigua civilización maya -México, Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice- donde se espera un lleno en estas fechas, así como de la gran afluencia de visitantes a lugares en varios puntos del globo considerados clave o "mágicos" para escapar a la destrucción.
Un empresario chino, Yang Zongfu, ha recibido más de 20 pedidos de su "Arca de Noé", con precios de hasta 800.000 dólares, y en varias ciudades chinas se han agotado las velas para hacer frente a la "oscuridad total" en la que se supone que estará inmerso el planeta.
Mientras, las autoridades francesas han cerrado el paso a la montaña de Bugarach, a 60 kilómetros de Perpiñán, ante las creencias de que allí aterrizará una nave nodriza extraterrestre para salvar a unos poco elegidos
El 'doodle' del fin del mundo
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