La Guardia Civil ha puesto cara a uno de los principales sospechoso del asesinato de una joven rumana. Se trata de un individuo con antecedentes y con las facultades mentales perturbadas. Al parecer, llevaba días acosando a la víctima.
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Alejandro de Abarca, de 32 años, se encuentra en busca y captura. En su identificación ha sido fundamental el testimonio de un empleado y un cliente de una gasolinera próxima a la localidad de Muro.
Según han declarado, el sospechoso rellenó una garrafa de gasolina sobre las 12 del mediodía del pasado lunes. Horas después, Ana Niculai aparecía calcinada y maniatada en el maletero de un coche.
El sospechoso, con las facultades mentales perturbadas, cumplía condena en un centro de reinserción por diversos delitos de robos con fuerza. Tras disfrutar de un permiso de fin de semana, el pasado lunes no regresó.
En declaraciones en exclusiva a Antena 3, el novio de la víctima, Aurelio Vieites, asegura desconocer si Ana estaba siendo acosada por alguien.
"Nunca me ha dicho si este chico me quiere mal o esta chica me quiere mal o me tiene envidia, jamás en la vida. Aparte, que yo sepa, no tenía enemigos", asegura Aurelio Vieites.
La difusión de la fotografía del sospechoso ha supuesto un alivio para Aurelio, quien se sentía señalado por lo ocurrido. Por ello ha explicado que denunció la desaparición apenas tres horas después de producirse, que declaró voluntariamente durante cinco horas ante la Guardia Civil y que cuenta con testigos de un gimnasio donde estuvo la mañana del lunes.
"Entonces fue cuando estaba con mi monitor dentro, estábamos los dos cambiándonos, y suena el teléfono y era Cati, su socia, que me comentó que Ana no estaba en el trabajo", ha contado Aurelio a Antena 3.
Ahora confía que la brutal pesadilla acabe cuanto antes con la detención de los culpables.