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El exceso de fructosa en el embarazo puede dañar la placenta y provocar estrés oxidativo en los fetos

La consecuencia es que aumentan las probabilidades de que el recién nacido presente enfermedades metabólicas en su vida adulta.

La glucosa y la fructosa tienen impactos directos sobre el metabolismo
La glucosa y la fructosa tienen impactos directos sobre el metabolismo | Pixabay

El consumo elevado de fructosa durante la gestación provoca importantes alteraciones en la placenta y provocar estrés oxidativo en los fetos, lo que supone un factor que aumenta el riesgo de que la descendencia presente enfermedades metabólicas en su vida adulta, según se desprende de un estudio liderado por la Universidad CEU San Pablo Carlos Bocos, en colaboración con otros grupos de investigación españoles.

Esta investigación, que ha sido publicado en 'Molecular Nutrition & Food Research' y dirigido por el profesor de Farmacia Carlos Bocos, ha estudiado si el consumo materno de fructosa modifica el estado oxidativo en ratas gestantes y en sus fetos. Para ello se han utilizado tres grupos de animales gestantes. Uno de ellos bebió una solución que contenía fructosa a lo largo de toda la gestación; y los otros dos bebieron solamente agua o bien una solución con glucosa. Los tres grupos se alimentaron por igual con comida estándar para animal de laboratorio.

Mientras que las madres que bebieron fructosa presentaron un nivel bajo de oxidación de lípidos en plasma, sus fetos mostraron unos niveles de oxidación altos tanto en el plasma como en el hígado. Por consiguiente, estos datos mostraban que las placentas gestantes expuestas a la fructosa presentaban estrés oxidativo y una menor cantidad de hemo oxigenasa 1 (HO-1), que es un potente agente antioxidante. Todos estos efectos negativos eran exclusivos del consumo de fructosa, ya que no se observaron en los otros dos grupos.

La HO-1 de la placenta tiene un papel protector muy importante al ser una molécula antiinflamatoria, antiapoptótica, antioxidante, antiproliferativa y un regulador clave del proceso inmune. Puede prevenir la aparición de complicaciones gestacionales (como la preeclampsia), prematuridad y diversos problemas en el recién nacido. Un estudio de 2012 encontró una estrecha relación entre el consumo excesivo de bebidas edulcoradas por la madre y el riesgo de preeclampsia. Para reforzar aún más la importancia de los resultados, se ha demostrado que las mujeres gestantes diabéticas, con o sin obesidad, presentan bajos niveles de la proteína HO-1 en la placenta.

"Nuestro propósito es concienciar a la sociedad, en general, y a las mujeres embarazadas, en particular, para que disminuyan el contenido de fructosa en su dieta, mediante un consumo preferente de comidas y bebidas de origen natural, frente al de comidas procesadas y refrescos que contienen sirope de maíz rico en fructosa. De esta manera se pueden prevenir los efectos negativos de una dieta rica en fructosa y mejorar la salud, no sólo de la madre, sino también de sus hijos", señala Bocos.

¿Para qué se usa?

El sirope de maíz rico en fructosa el cual se usa para edulcorar gran variedad de alimentos (comidas procesadas, bollería y repostería industrial, helados, mermeladas, salsas y condimentos) y, sobre todo, bebidas o refrescos azucarados. El consumo excesivo de estos alimentos, y por tanto de fructosa, se ha relacionado con la aparición de enfermedades como la obesidad y la diabetes. Por otro lado, diversos estudios experimentales y epidemiológicos han confirmado que lo que suceda durante la gestación repercute en los problemas de salud que la descendencia pueda desarrollar en su vida adulta.

De entre estos factores que pueden afectar a la salud de la descendencia, quizás el más influyente sea la alimentación de la madre. Sin embargo, señalan, "a pesar de todo esto, el consumo de bebidas azucaradas con fructosa no está desaconsejado en el embarazo". En el estudio también han participado diversas entidades: los laboratorios CQS de Madrid (Dr. Alvarez-Millán); el grupo del Dr. Laguna en la Universidad de Barcelona; el grupo de la Dra. Coral Barbas en el CEMBIO de la Universidad CEU San Pablo; y el grupo del Dr. Goya del ICTAN/CSIC de Madrid.

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