LAS ENCUESTAS ESTÁN EMPATADAS

LAS ENCUESTAS ESTÁN EMPATADAS

Reino Unido decide este jueves si su futuro se construye dentro de la UE

Además de el futuro británico, el mismo proyecto comunitario podría sufrir consecuencias imprevisibles si la segunda economía del continente apuesta por adentrarse en una travesía de salida sin retorno y sobre la que no hay precedentes.

Los colegios electorales del Reino Unido han cerrado sus puertas tras lograrse un récord histórico en el número de personas con opción a voto -46,5 millones de ciudadanos censados- en el referéndum sobre la Unión Europea (UE). La lluvia que arreció con fuerza durante toda la jornada en Inglaterra, y que causó problemas de acceso en los lugares previstos para el voto, no impidió a los británicos pronunciarse masivamente sobre esta crucial pregunta: "¿Debería el Reino Unido permanecer como miembro de la Unión Europea o abandonar la Unión Europea?".

La primera encuesta divulgada da al victoria a la permanencia en la UE

Poco a poco se irá esclareciendo el futuro de los británicos, cuya suerte ya está echada, aunque los primeros resultados indicativos de la consulta se conocerán durante la madrugada, si bien el anuncio oficial se hará posteriormente en Manchester, al norte de Inglaterra.

En cuanto a la participación electoral, el primer dato desvelado es el del Peñón de Gibraltar, donde alcanzó el 84%. A la espera de que se conozcan los resultados oficiales, los expertos han vaticinado a lo largo de la campaña una alta participación en el conjunto del Reino Unido, que obligó incluso al Gobierno británico a ampliar el plazo de inscripción.

También se ha conocido la primera encuesta divulgada tras el cierre de los colegios, elaborada por la firma YouGov, que daría a la opción de permanecer en la UE cuatro puntos porcentuales de ventaja (52% frente al 48% de los votos).

El último referéndum sobre la permanencia o no de Reino Unido en la UE fue en 1975

Los resultados del estudio se basan en entrevistas realizadas a 5.000 personas a través de internet durante la jornada de hoy, en la que ninguna firma ha elaborado sondeos a pie de urna, considerados los más fiables. El recuento de las papeletas comenzó en las 382 áreas locales en las que se han dividido los colegios británicos a las 21.00 GMT, cuando cerraron las urnas tras 15 horas de votación, desde las 6.00.

Los principales líderes políticos depositaron su voto, entre ellos el primer ministro británico, David Cameron, que acudió a las urnas junto a su esposa, Samantha, y el líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn, ambos defensores de la campaña "Stronger in Europe" (más fuertes en Europa).

David Cameron vota con su mujer | Reuters

Concluida la cita electoral, Cameron fue el primero en agradecer a todos los ciudadanos el que hayan acudido a las urnas para votar por un Reino Unido "más fuerte" y "más seguro" en su cuenta de la red social Twitter. También entregó su papeleta la ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, que, al igual que los dos anteriores, hizo campaña por la permanencia, y que advirtió esta semana de que Escocia podría convocar otro referéndum de independencia si gana el "brexit".

Del bando del "Vote leave" (Vota salir), el ex alcalde conservador de Londres y líder oficioso de la campaña del "brexit", Boris Johnson, que ejerció su derecho al voto a última hora, afirmó que abandonar el grupo de los Ventiocho sería un "triunfo de la democracia".

También el dirigente del eurófobo UKIP, Nigel Farage, depositó su papeleta en el condado de Kent, donde reside, y donde reiteró que hay algo "equivocado" en la relación de este país con la UE, además de opinar que el "brexit" tiene "posibilidades sólidas" de ganar. Los últimos sondeos de opinión han arrojado resultados mixtos sobre el desenlace del plebiscito, aunque la mayoría otorga una ligera ventaja a la opción de la continuidad.

En este contexto, la Bolsa de Londres mantenía ayer su ascenso y sumaba un 1,12 %, al avanzar 70,17 puntos y situarse en 6.331,36 enteros.

Al mismo tiempo, en el mercado de las divisas la libra esterlina disparaba su valor frente al dólar, y se pagaba a 1,488 dólares, un incremento del 1,18 %, y a 1,30 euros, un 0,38% más.

La última vez que los británicos tuvieron un referéndum sobre su relación con los socios comunitarios fue en 1975, dos años después de que el Reino Unido ingresara en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) bajo el mandato el conservador Edward Heath.

A esta votación estaban convocados los ciudadanos británicos e irlandeses mayores de 18 años con residencia en el Reino Unido y los de la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth) que viven en este país, así como los británicos que lleven viviendo menos de 15 años fuera de su país.

Tras semanas de enconada campaña, 'Stronger In' (Más Fuertes Dentro) y 'Vote Leave' (Vota Abandonar) han aprovechado la última jornada para intentar convencer a los indecisos con las principales armas de las que se han valido para decantar la votación a su favor: la conveniencia económica de continuar y el carácter irreversible del 'Brexit' por parte de los defensores de la permanencia; y la recuperación de la soberanía y del control de fronteras con el 'Día de la Independencia' prometido por los partidarios del divorcio.

El empate técnico que prácticamente había dominado las encuestas desde que el primer ministro, David Cameron, cerrase en febrero el acuerdo para renovar el estatus británico en Bruselas se ha mantenido hasta el final, si bien la opción de la permanencia ha registrado un cierto repunte desde el salvaje asesinato de la diputada laborista Jo Cox el pasado jueves, un crimen de motivación política que podría haber desequilibrado la balanza. No obstante, ante lo ajustado de los sondeos, el veredicto dependerá en gran medida de los indecisos y notablemente de la participación.

El bando a favor de la UE es consciente de que una baja concurrencia supone una de sus principales amenazas, por lo que está a expensas de la movilización ciudadana. Será fundamental que quienes habitualmente se implican en las generales, pero no en las europeas, acudan a los colegios este jueves.

El electorado deberá resolver una compleja disyuntiva sobre la identidad misma de Reino Unido y el lugar que aspira a ocupar en el orden internacional de este arranque de milenio. La última vez que tuvo la oportunidad de decidir en la correosa cuestión europea fue en 1975, cuando aceptó la entrada en el Mercado Común al que el país se había incorporado dos años antes.

Transcurridos 41 años, la única coincidencia entre el bando a favor de la permanencia y el frente que aboga por el 'brexit' es que este nuevo plebiscito constituye una de las decisiones más trascendentales que Reino Unido jamás ha afrontado como país.

Además de su futuro en la UE, su dictamen marcará el legado de Cameron y su permanencia en Downing Street: independientemente del veredicto final, Cameron pasará a la historia como el 'premier' que zanjó la siempre complicada relación con Bruselas.

Así, el peso de una fijación que ha dominado a la derecha británica en las últimas décadas resultó excesivo para un líder que acabó cediendo a las presiones internas. Su envite, con todo, va más allá del territorio doméstico, puesto que, de triunfar la permanencia, además de modificar el vínculo con Bruselas, se habrá obligado a toda una UE a abdicar de sus principios fundamentales para acomodar al miembro más receloso.

En consecuencia, además de la composición misma de un grupo de Veintiocho, el plebiscito demostrará si la claudicación a escala comunitaria ha valido la pena, puesto que las concesiones no garantizan que Londres permanezca en el club. Al respecto, el desafío de ambos bandos durante la campaña ha supuesto mantener su granero natural y convencer a los indecisos, un contingente sobre el que descansa el juicio final de mañana.

El problema para la permanencia es que si la ciudadanía ya sentía una profunda desafección por la maquinaria comunitaria, los tecnicismos del acuerdo que Cameron había traído de Bruselas, con "lo mejor de los dos mundos", han quedado desdibujados en una campaña en la que los partidarios de la continuidad se han enrocado en complejas estadísticas de complicada digestión a pie de calle.

Las apelaciones de la última jornada de campaña, por tanto, han invocado a conceptos de difícil contraste y elevado valor patriótico, como qué opción asegura la prosperidad o cuál garantiza una mejor seguridad en un contexto de alta inestabilidad global. Consciente de que el plebiscito podría derivar en un voto de confianza al gobierno, el primer ministro había avanzado que si triunfaba la apuesta por abandonar, no dimitiría, pero el desafío es notable para quien no ha sido capaz de persuadir a su propio partido. De consumarse la salida, de hecho, no hallará mayor responsable que él mismo, puesto que más que por un clamor social, el catalizador del referéndum fue la olla a presión en la que la porfía comunitaria había convertido a los conservadores.

Las desacreditaciones durante la campaña han sido una constante y la guerra de cifras no ha hecho más que confundir a una ciudadanía que irá a votar sin saber qué implicaciones generaría una de las casillas de respuesta a la pregunta '*Debería Reino Unido permanecer en la Unión Europea, o abandonar la Unión Europea?', puesto que la única certidumbre ante una potencial 'brexit' es que, de abandonar, la decisión no tendría marcha atrás.

Además, según la mayoría de líderes comunitarios, podría generar un efecto dominó entre otros integrantes de los Veintiocho y un peligroso auge del populismo. Para Londres, por su parte, la ruptura implicaría inevitablemente una espinosa negociación, sobre todo por la vulnerable posición del Gobierno. Es complicado que David Cameron saliese indemne, no sólo por cómo la campaña ha menoscabado su liderato, sino porque su legitimidad quedaría mortalmente dañada si el electorado ignora su consejo.

En consecuencia, junto a la resolución de una profunda crisis política en casa, una potencial nueva administración tendría que resolver un proceso sobre el que no hay precedentes y, por si fuera poco, con socios que difícilmente mostrarán empatía hacia quien ha decidido abandonar, a pesar de los compromisos que tanto costaron en febrero y que garantizarían para Reino Unido el ansiado estatus de verso libre de una Europa cada vez más cohesionada.

Los plazos, a priori, están marcados, si bien los dos años establecidos en la normativa comunitaria podrían ampliarse siempre que lo autoricen los otros veintisiete socios. Expertos en Derecho europeo creen que, dada la complejidad, las negociaciones podrían llevar hasta una década y los propios defensores del divorcio asumen que, como mínimo, serían necesarios cuatro años. Por el contrario, la victoria de la permanencia en la Unión Europea supondría también una nueva era, puesto que el bloque se ha comprometido a garantizar un estatus especial para Reino Unido, garantizando su exención de la paulatina integración comunitaria y la posibilidad de limitar los derechos de los ciudadanos comunitarios.

Sin embargo, es difícil prever que cualquier resultado sea aplastante, lo que complicará aún más el cierre de las heridas de la campaña. Por ello, la estrategia de Downing Street en las jornadas posteriores al referéndum será crucial para evitar que los acontecimientos se precipiten con un desafío abierto al liderazgo. Una de las claves pasaría por una remodelación que permita reconciliar a las partes y enterrar un hacha de guerra capaz de escindir a la derecha británica.

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