la policía entró en su apartamento

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Un periodista marroquí condenado a diez meses de prisión por adulterio

Hicham Mansuri, de 34 años, mantenía una relación sentimental con una mujer que estaba separada de su marido (aunque no divorciada) y por ello ha sido denunciado por el ex marido de la joven.

Hicham Mansuri
Hicham Mansuri | Agencias

El periodista marroquí, Hicham Mansuri, de la Asociación Marroquí de Periodistas de Investigación (izquierdista), fue condenado la pasada noche a una pena de diez meses de cárcel por "adulterio" con una mujer casada, según fuentes de la asociación.

Mansuri, de 34 años, fue detenido en la mañana del pasado 17 de marzo al irrumpir la policía en su apartamento de Rabat y encontrarlo en compañía de su pareja, una mujer separada (aunque no divorciada) hace tiempo de su marido, quien al parecer había puesto la denuncia. La defensa de Mansuri en el juicio fue sostenida por tres abogados muy conocidos en los casos "políticos", que por un lado recordaron que la mujer siempre dijo al periodista que era divorciada y por otro desmontaron la acusación policial a Mansouri de "preparación de un local para la prostitución".

El creador de la Asociación de Periodistas de Investigación, Maati Monyib, dijo que no albergaba ninguna duda de que es la asociación y él mismo la que está en el punto de mira en el caso de Mansuri. La asociación fue autorizada en febrero de 2011, al calor de la apertura propiciada por la "Primavera árabe", y aunque no tenía una gran actividad, alentaba un periodismo crítico en un país donde rigen todavía leyes muy restrictivas con el uso de la información.

En los últimos meses, añadió Monyib, la asociación fue verbalmente notificada de que pasaba a la ilegalidad y desde entonces comenzó a tener problemas para reunirse y organizar actividades.

El adulterio está perseguido en Marruecos por dos artículos del código penal, que prevén penas de entre un mes y un año de cárcel para quien mantenga relaciones extramatrimoniales, pero no suele aplicarse más que en casos muy excepcionales o como agravante de delitos mayores. Hace solo dos semanas, Mustafa Errik, un destacado miembro de la asociación islamista Justicia y Caridad, considerada la más popular del país pese a ser ilegal, también fue detenido por estar en compañía de una mujer casada; para él, su arresto no tenía otro fin que "dañar el capital moral y ético de la asociación con el fin de desestabilizarla y alejarla del pueblo".

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