La familia del padre, radicada en la localidad de Miniya, en el sur de Egipto, se sintió ofendida por la mala fama que perseguía a la hija y amenazó al padre con prohibirle visitar la ciudad si no mataba a la chica.
El hombre, que trabajaba como portero de un edificio en el barrio del Cairo Antiguo, reconoció a la Policía que encadenó y torturó a su hija para matarla y entregar su cadáver a su familia en Miniya para que le perdonara. Los vecinos del asesino confeso informaron a la Policía del crimen antes de que consiguiera huir con el cadáver.
La policía egipcia detuvo a al padre