El transatlántico tocaba aguas irlandesas ante más de 100.000 personas que contemplaban al coloso, aún a medio construir. Era el nacimiento de una leyenda que, un siglo después, sigue viva.
Los barcos de Belfast hacían sonar las sirenas y un coro de hombres entonaban himnos para conmemorar el nacimiento del transatlántico más lujoso jamás construido y posiblemente el más sembrado por la desgracia. Trece minutos pasaban del mediodía cuando tocó el agua por primera vez, y no fue bautizado como manda la costumbre por problemas de protocolo.
Un siglo después se construye en Belfast el museo Titanic, anclado en tierra, un edificio con cuatro proas plateadas en forma de estrella. "Está hecho con acero inoxidable y maderas de la zona, como se construían entonces los barcos", comenta uno de los constructores.
Paradójicamente, el buque hundido puede hacer reflotar la economía del país un siglo después. Esperan la visita de 500.000 turistas ansiosos por comprar los últimos souvenirs, como las pastillas de jabón de los camarotes de primera clase.

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