TAN SÓLO LO PADECEN 50 PERSONAS EN EL MUNDO

TAN SÓLO LO PADECEN 50 PERSONAS EN EL MUNDO

Chuy, un hombre lobo en México

Chuy es un mexicano que lleva 38 años sufriendo las terribles consecuencias de la hipertricosis congénita: una enfermedad que le hace parecer un hombre lobo por la gran cantidad de pelo negro que cubre su rostro.

Chuy padece la enfermedad del "hombre lobo"
Chuy padece la enfermedad del "hombre lobo" | AGENCIAS

Jesús Manuel Fajardo Aceves, más conocido como Chuy, tiene 38 años y ya desde pequeño le apodaron como "el lobito"; ahora se ha convertido en el hombre lobo.

Desde hace muchas generaciones, su familia sufre de hipertricosis congénita, también conocido como el síndrome del hombre lobo. Una enfermedad que tan sólo ha sido diagnosticada a 50 personas en todo el mundo. Quienes la padecen, suelen tener vello en las partes del cuerpo que normalmente carecen de él. El caso más llamativo es el de Chuy, un mexicano que tiene el rostro cubierto por una oscura mata de pelo negro.

"Si la gente me pregunta por qué soy así, yo les contesto que así me hizo Dios", cuenta Chuy.

Cuando completó sus estudios de primaria en una escuela de México, dedicó cuatro años a la vida en el campo, trabajando bajo el sol cultivando lechugas, tomates y cebollas. Hasta que un día, un vecino del pueblo se presentó en persona para proponerle una oferta de trabajo: la oportunidad de conseguir 50 pesos mexicanos en las ferias, dando vueltas a una ruleta y reclamando la atención de los visitantes para que se acercaran hasta el lugar.

Mientras se ganaba la vida de feria en feria, un día en Chihuahua el dueño de un circo lo descubrió y le ofreció un puesto de trabajo bajo las luces de la carpa: Chuy ofrecía sus servicios como hombre lobo y salía corriendo al escenario para recibir los aplausos y los gritos de los niños, seguidos de los tirones de pelo que le daban para comprobar que realmente tenía la cara cubierta de pelo. Ese era su espectáculo de cada día.

Tuvo que esperar hasta los 35 años para darle el último adiós al circo, y la bienvenida a su nuevo trabajo como vigilante en el Museo de la Ciudad de México. A partir de ahí, los medios de comunicación comenzaron a abordarlo y le llevaron de viaje por Argentina, Chile y otras partes de todo el mundo para contar su asombrosa historia.

Tres años después, Chuy lo tiene claro. Quiere un trabajo normal, con una vida normal. Quiere llamar la atención mientras pasa desapercibido. Quiere que le dejen en paz, pero no quiere sentirse solo.

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