Eduardo y Pilar son algunos de los ciudadano que quiere colaborar y van cada día a la Comisión de Comida para preguntar qué hace falta. Sienten la movilización como algo suyo. Viven en un barrio alejado de la Puerta de Sol y esta es la mejor manera de demostrar su compromiso. "Lo que minimamente podemos hacer por la gente que está protestando y que tiene razón", afirma Eduardo.
El campamento no acepta donativos econónicos, pero si todo lo necesario para mantener con vida la ilusión. La mayoría de las donaciones llegan por parte de gente particular que se acerca por la plaza. La Solidaridad de la calle ha sorprendido a todos. Desde las lonas del campamento base para evitar la lluvia, hasta bebidas, medicinas, mantas e incluso urinarios que ha cedido gratuitamente una empresa.
La comisión de infraestructuras decide qué hace falta en cada momento. En el puesto de comidas se reciben las ayudas y se reparten casi con igual velocidad. En esta pequeña ciudad nadie cobra ni paga. Los propietarios y trabajadores de una sidreria asturiana en Madrid han llevado más allá su generosidad. Han cerrado su establecimiento para ir a Sol a repartir comida, un sacrificio que asumen.
José acaba de jubilarse y no ha dudado un segundo en salir a la calle para echar una mano.
La rebautizda como plaza solución se ha convertido en una modera Agora que crece y cambia minuto a minuto. Quienes acuden a ella con solidaridad se convierten en parte de algo en lo que creen. La batalla contra el letargo social ya la han ganado.
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