Los cientos de kilos de explosivos de la furgoneta-bomba colocada por ETA un día antes estallaron a las 09:00 horas aproximadamente en el módulo D del aparcamiento de la Terminal 4.
La explosión fue tal que los equipos de rescate se tuvieron que emplear a fondo para poder recuperar, cuatro días después, el cadáver del ecuatoriano Carlos Alonso Palate, y otros tres más el de su compatriota Diego Armando Estacio.
La explosión les sorprendió a ambos durmiendo en sus respectivos vehículos, a la espera de que llegara la hora de aterrizaje de los aviones en los que venían sus amigos y parientes, por lo que no escucharon las órdenes de desalojo de la policía, alertada ya de la presencia de un explosivo por llamadas a los servicios de emergencias.
El atentado obligó a suspender hasta las 13:00 horas las operaciones en la terminal T4, miles de pasajeros tuvieron que ser evacuados de las pistas en el momento de la explosión, y en medio del caos y la confusión, se registró además un monumental atasco de vehículos que pretendían acceder a las instalaciones.
Los equipos de emergencia tardaron más días en recuperar el cadáver de Diego Armando, porque éste estaba sepultado por 40.000 toneladas de escombros comprimidos con capas de coches y forjado, consecuencia de la detonación de cientos de kilos de explosivos -entre 200 y 800- que provocaron un colapso del edificio comparable al de las Torres Gemelas.
La explosión, que causó también desperfectos en la sala de llegadas, fue de tal magnitud que sólo nueve meses después, el 20 de septiembre de 2007, pudo ponerse de nuevo en servicio el módulo D del edifico de aparcamientos de la T-4.
Labores de desescombro