Los desencuentros con Marruecos se repiten de forma periódica desde hace tiempo. En julio de 2002, las relaciones se tensionaron al máximo después de que un grupo de militares españoles desalojaran a los gendarmes marroquíes del islote de Perejil.
A finales de 2007, la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla provocó también que Rabat llamase a consultas a su embajador en España, por las reclamaciones que el país vecino ha tenido siempre sobre Ceuta y Melilla, territorios que considera deberían ser suyos.
El último episodio que generó el enfado del gobierno marroquí sucedió recientemente, el caso "Aminatu Haidar" mantuvo en jaque a la diplomacia española durante varios meses.