Juan Manuel Sánchez Gordillo lleva más de 30 años al frente del ayuntamiento de Marinaleda, en Sevilla. Comenzó como un utópico revolucionario y ha acabado al frente de algaradas violentas.
Ha destacado estos años por liderar las ocupaciones de fincas para exigir reformas agrarias. Centró parte de sus objetivos en las tierras de la duquesa de Alba. El pasado mes de diciembre invadían un cortijo en presencia de uno de los hijos de la Duquesa.
Su discurso siempre ha estado salpicado de contradicciones. Dice que practica el comunismo pero el pasado mes de mayo viajó a Venezuela para estrechar relaciones, aunque voló en primera clase. Un billete que costó seis mil euros.
En Marinaleda ha repartido terreno para que sus habitantes construyan sus casas a cambio de 15 euros al mes y en la última huelga general, irrumpió en un restaurante sevillano y forzó al propietario a que cerrara. El dueño denunció que le robaron comida.
En las últimas elecciones autonómicas, era reelegido como diputado. En el acto de prestar juramento, en el Parlamento andaluz, volvió a salirse del guión. Amenazó con escindirse de su partido si Izquierda Unida formaba gobierno con los socialistas. Al final, sus palabras se quedaron en nada.
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