REAL MADRID 6-2 RAYO VALLECANO. El primer acto comenzó con Michu silenciando el Bernabéu y acabó con Higuaín devolviendo la sonrisa al Real Madrid. Comenzó con un Rayo valiente, anulando al Real Madrid, y terminó con los blancos metidos en el campo de sus vecinos. Y es que el partido comenzó con Lass como compañero de Xabi Alonso y terminó con Özil en su lugar.
Así, con un cambio de cromos, Mourinho le cambió la cara a su equipo. El fútbol es mucho más sencillo de lo que el portugués quiere hacer ver. ¿Juego psicológico? ¿Conspiraciones? Todo se reduce a juntar a los jugadores de más calidad. Y este Real Madrid tiene muchos, pese a que el técnico portugués los sacrifique a menudo por el músculo.
Ante el Rayo quiso meter velocidad. Kaká ocupó el puesto de Özil e Higuaín el de Benzema. El resultado fue un Rayo que desactivó la salida de balón de los blancos con una presión a todo campo. Por momentos, solo jugaba Casillas. Los de Sandoval, en cambio, superaban sin dificultades la primera línea de defensa del Real Madrid.
El atrevimiento del Rayo dio resultado hasta la entrada de Özil. Mourinho solo esperó 28 minutos para devolverle el sentido a su equipo. El alemán se colocó junto a Xabi y Kaká, por delante, recordó al que la hinchada quiere ver. Y así el brasileño fabricó el primero del Madrid. Con espacios a la contra no hay nadie mejor. El brasileño condujo y asistió. Cristiano Ronaldo remató para poner fin a una sequía goleadora que se prolongaba demasiado.
Los madridistas veían un equipo cercano al que maravilló ante el Zaragoza. Por momentos se pareció a ese equipo imparable, que ataca en manada. El gol de Higuaín justo antes de que acabara el primer tiempo y el de Cristiano poco después parecían ponerlo todo en orden.
Adiós dudas, adiós mala cara. Fue un hasta luego. Lo que tardó Di María en terminar de desquiciarse. Si en la primera mitad arrolló a destiempo a un rival, en la segunda hizo una mano innecesaria. El argentino vive esta temporada acelerado. Quizás fue el gol que acababa de marcar Michu, otra vez, aprovechando el despiste general.
Ahí se acabaron las buenas intenciones de Mourinho, que apostó por ganar el partido de por la vía rápida. Entraron Khedira y Benzema y el Real Madrid se refugió en su campo: dos líneas de cuatro y Benzema en punta en busca de los espacios. Gracias a la velocidad en las bandas de Cristiano y Özil y al atrevimiento suicida del Rayo, los blancos sentenciaron con espacios.
Varane puso la calma con un taconazo en el aire, Benzema la sentencia final con un excelente derechazo y Cristiano el sexto con un penalti a lo Panenka. Tres puntos para los de Mourinho. Los mismos que dejó de sumar en las dos jornadas pasadas. Y una imagen poco tranquilizadora. El Real Madrid sigue con el miedo en el cuerpo.
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