Fue una noche de fin de fiesta para el Madrid. Los blancos terminan la temporada con la Copa del Rey en la vitrina y derrotados en todas las batallas menos esa por el Barcelona, pero con más felicidad de la que aparentan sus logros.
Es la alegría del contable, que se concentra en sus sumas y restas y se felicita de que el montante haya crecido con respecto a otros ejercicios.
Los blancos salieron al partido a sumar, sin importar que hubiera restas. Es por eso que Mourinho apostó por dejar a Xabi Alonso solo en el centro del campo como único mosquetón del que pendían Kaká, Özil y Cristiano Ronaldo, sus compañeros postizos. Y por delante, Adebayor y Benzema. Primero el gol, después el juego.
Tampoco exigía más el partido ante un Almería que venía a darse el gustazo de abandonar Primera por la puerta del Bernabéu.
Y así, el partido siguió las mismas normas: por encima de todo lo demás estaba el gol. Cristiano marcó su gol 39 a los tres minutos y eso aplacó a la fiera que cambió por una sonrisa su gesto de eterno inconformismo. Cuando, al final del partido, marcó el 40, reventó de felicidad. Entre tanto, estuvo más generoso que de costumbre y, desde luego, más de lo esperado.
Los blancos defendían de pena, pero atacaban en aluvión. Por eso llegaron los goles de Adebayor y de Uche, en uno y otro lado, antes de la tregua del descanso. Y por eso el segundo tiempo fue una tormenta.
Para este Madrid (quizás para todos los de la historia), es mejor que el Bernabéu diga uy que olé. Benzema marcó dos, Adebayor tres y hasta el debutante Joselu se apuntó a la fiesta.
En este final de Liga, desde que el Barça certificó el título con el 1-1 del Bernabéu, los blancos han demostrado que bordan el juego sin engranajes, es pulsar un botón y estallar un mazazo. Tres pases son suficientes, dos toques son demasiados.
El Madrid sólo pensaba dónde dejaría Cristiano el récord goleador y en hasta donde llegaría la suma de todos sus tantos, que se quedó en 102, siete por encima de los 95 del Barcelona y cinco por debajo del récord mítico del Madrid de Toshack.
Entre gol y gol, el Bernabéu tuvo tiempo de homanajear a Dudek, al que sus compañeros hicieron un pasillo en pleno partido.
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