La selección española cayó en Buenos Aires en una derrota que iba para deshonrosa y acabó siendo un tropiezo demasiado cruel. Con 3-0 en contra y un estadio volcado al sentirse por encima de los campeones del mundo, los de Vicente del Bosque dieron la cara y merecieron más.
El marcador suena doloroso, pero el juego no lo fue tanto, más allá de que España falló estrepitosamente en defensa y no tuvo suerte con la portería contraria.
Argentina salió con más ganas y, en lo que España iba ajustando sus novedades, La Albiceleste ya ganaba 2-0.
Fueron Messi e Higuaín quienes aprovecharon los malos ajustes de la defensa española, que jugó con tres novedades: Marchena en el centro por el lesionado Puyol y Arbeloa y Monreal en las bandas en lugar de Ramos y Caprdevila.
Por momentos la selección sudamericana bailó a la campeona del mundo y fue ahí cuando a España le salió la casta, aunque no la suerte.
Agrupados en el centro del campo, los jugadores españoles lograron hacerse con la pelota pasado el chaparrón y fueron llevando el partido a su sitio. Argentina, asentada sobre tres escudos (Mascherano, Cambiasso y Banega) y confiada en sus tres lanzas (Messi, Tévez e Higuaín), empezaba a padecer el estilo de toque español.
Pero no fue el día y en esos mejores minutos Villa estampó en la escuadra lo que parecía un disparo para enmarcar. Para más escarnio, Tévez aprovechó un resbalón de Reina para anotar el tercero.
ESPAÑA SACA LA GARRA
No se apocó España, pero tampocó llegó la suerte. Villa volvió a mandar al palo una falta. Lo que de un lado era una autopista hacia el gol, en la otra parte era una camino cortado.
No ayudaba la presencia de Silva en punta. Aunque Villa sí mantiene su rendimiento en la banda izquierda, el canario del City nunca encontró los espacios jugando de espaldas.
En el descanso, Del Bosque oxigenó el equipo, como ya estaba previsto, y dio entrada a Valdés, Llorente, Navas y Cazorla. Todos mantuvieron el pie sobre el acelerador y ambos equipos adoptaron sus nuevos papeles sin rechistar: España mandaba y Argentina se dejaba querer y esperaba más ocasiones a la contra.
Las tuvieron los locales, pero sobre todo las tuvo España que prolongó su mal fario con otro disparo al palo, esta vez de Cazorla, y con un gol cantado que se le escapó a Llorente. Al menos el riojano se redimió, y redimió a la selección con un tanto que parecía salvar el honor y servir de premio mínimo para un equipo que dio la cara en terreno hostil y con todo en contra.
El último tanto, de Agüero volvió a agrandar la herida.