Raúl González Blanco, el mito a un '7' pegado.

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Cuelga las botas el niño que supo hacerse hombre en el club más exigente del mundo

Érase una vez un mito a un ‘7’ pegado

A Raúl se le han acabado las pilas. 2015 ha parido el 15 de octubre más triste para un balón: el goleador anunció este jueves pasado que se despedirá del fútbol en noviembre. Lo hará tras haber reventado el cuentakilómetros, tras haber marcado todo tipo de goles y patentado los suyos con marca propia, y tras haberse doctorado en la conquista de títulos -21, en 4 países y 3 continentes-.

@MarioCortegana

La vida es así: no por esperadas duelen menos las despedidas. Uno sabe que no puede interpretar eternamente el mundo con ojos de niño inocente, que tarde o temprano te haces mayor, vas a la escuela, sales a ganarte el pan e incluso maduras. Uno sabe que, tarde o temprano, la barriga crece, el pelo se va y las dioptrías llegan. Uno sabe que, tarde o temprano, el fin de ciclo alcanza también a sus ídolos. Uno lo sabe, sí, pero cuando llega, el momento golpea como si pillara de sorpresa, como si fuera un accidente improvisto.

De dos errores, uno sentimental y otro futbolístico, nació la leyenda de Raúl. El primero, fugaz, cuando le dio por mezclar rojo y blanco; el segundo, el día de su debut en La Romareda, cuando se plantó ante Cedrún con la pólvora empapada. Pero en este caso, lo que mal empieza, bien acaba. Y continúa. Porque el ‘7’ llega y se va de la misma forma en cualquier lugar del mundo: como un icono. Porque Raúl fue -y es- mito en España, pero también 'Señor Raúl' en Alemania, emir en Catar y celebrity en Estados Unidos.

Claudica ante el tiempo, el rival que siempre hace trampas

Nunca fue el más alto, ni el más fuerte, ni el más rápido, ni el más técnico. Pero siempre fue Raúl, que era mejor que todo ese compendio de habilidades. ¿Qué importa lo demás si te llamas Raúl González Blanco? Aunque haya dejado muy alto el listón, siempre llegará alguien que meta más goles, gane más títulos e invente más filigranas de videojuego, pero nadie podrá ser como él, nadie podrá hacerse querer y respetar tanto, nadie derrochará de ese modo ese carácter de líder innato, nadie llevará mejor la cinta de capitán en el brazo ni el ‘7’ en la espalda.

El fútbol le debe mucho a aquel 29 de octubre de 1994 en el que un imberbe canterano empezó a comerse el mundo en Zaragoza. La chiquillada acabó en mito, el del que tiró del carro de una Selección entonces sin ruedas, el más listo del área, el del MacGyver del gol, el de la cuchara de parábola imparable, el del aguanís irreducible, el del regate tropezado, el del chaval que silenció al Camp Nou, el de 'El señor de los anillos', el del gran capitán... El mito a un '7' pegado.

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