Hay jugadores que nacieron para jugar este tipo de partidos, para definir finales y levantar títulos. Radamel Falcao debe ser el ser humano más preparado para este tipo de empresas. Su exhibición ante el Chelsea, tres goles en tan sólo 45 minutos, será difícil de olvidar. Como ante el Athletic en Bucarest, el colombiano fue un martillo pilón, el encargado de certificar la hegemonía del Atlético de Madrid en Europa.
La Supercopa ante el Chelsea fue una fotocopia mejorada de la final ante el Athletic. Falcao ejerció de nuevo de maestro de ceremonias. El campeón de Europa fue barrido por un vendaval rojiblanco, por un aluvión del de fútbol y goles. Imposible encontrar un sólo error del Atlético, un equipo que rozó la perfección.
El Chelsea dura seis minutos
A los cuatro minutos el Chelsea tuvo el primer aviso de lo que iba a ser el partido. Filipe Luis se fue por su banda y metió un centro aparentemente sin peligro. La defensa del chelsea contaba con toda la ventaja pero Falcao apareció como una centella para rematar de forma inverosímil y mandarla al larguero. El rechazo le cayó a Koke que fue derribado por David Luiz. Ni el colegiado iba a evitar el monólogo rojiblanco.
Sin tiempo para digerir la jugada, Falcao madrugó a la espalda de los centrales del Chelsea y con toda la sangre fría del mundo la picó a media altura a la cepa del segundo palo. Comenzaba el festival Falcao, el festival del Atlético.
El Atlético de Madrid comenzó a triangular de banda a banda, apoyado en Mario Suárez, Gabi y Koke. Por delante las operaciones estaban comandadas por un inmenso Turan, un incisivo Adrián y un demoledor Falcao.
El preludio del segundo gol fue una gran maniobra de Adrián que retrató en carrera a Ivanovic y obligó a intervenir a Cech. Di Matteo se desesperaba y comenzó a resignarse con el segundo del Atleti. Falcao recogió un baló sin mucho peligro por la derecha e hizo su particular homenaje a la final de Bucarest. Controló, recortó, se la acomodó con la izquierda y la puso en la esucadra. Por un momento pareció que en lugar de Cech estaba Gorka Iraizoz bajo palos.
A esas alturas el Chelsea, el campeón de Europa, era un juguete en manos del equipo de Simeone. Torres y Mata no olieron el balón y Lampard estaba desbordado por el centro del campo rojiblanco. El Chelsea sacó la bandera blanca, pidió un armisticio para llegar al descanso. Pero el Atlético no estaba por la labor.
Turan ejecutó otra diablura por la derecha y metió un centro medido al segundo palo. Adrián remató fatal, el balón quedó dividido y, como no, apareció la cabeza de Falcao para estrellarla en el palo. El 'tigre' tenía hambre.
Justo cuando el Chelsea veía el momento para irse a vestuarios, el Atlético montó una contra perfecta. Turan dirigió la maniobra con la cabeza levantada y metió un pase medido a la carrera de Falcao. El colombiano superó a su defensor y la cruzó por abajo ante Cech. El publico despidió a los equipos al grito de Falcao... Falcao...
Festival y segunda Supercopa de Europa
La segunda parte casi sobró, sólo sirvió para festejar el título de los de Simeone y su superioridad sobre el Chelsea. Turan se marcó una clase magistral de fútbol y Miranda se sumó a la fiesta a la salida de un córner. También sirvió para constatar que Torres estaba sobre el césped. El 'niño' tardó casi cincuenta minutos en rematar a puerta.
Cahill marcó en el tramo final al aprovechar varios rechazos en la salida de un córner. Fue como el testimonio de un equipo que no existió en la noche de Mónaco, más rojiblanca que nunca. En Europa reina un equipo, el Atlético de Falcao. El Atlético de Simeone.
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