Cada año, China celebra un festival en el que se exponen esculturas hechas de mantequilla de leche de yak. Una tradición que lleva celebrándose durante más de 400 años.
Se trata de un arte tibetano en el que se utiliza este material por el fácil manejo a la hora de tallar las esculturas.
Para evitar que no se derritan, los monjes se enfrían las manos con agua helada cada cierto tiempo y continúan la escultura. Debido a los largos periodos en los que pasan con las manos en remojo, muchos de ellos sufren una artritis severa.
Con la exposición pretenden atraer la buena suerte y rendir homenaje a Buda.
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