CIERRE DEL MUSEO

CIERRE DEL MUSEO

Chillida Leku, el sueño interrumpido del escultor vasco

Desde que los Chillida hicieron pública la imposibilidad de sostener económicamente el museo desde la gestión privada, 8.329 personas han acudido a las campas del caserío de Zabalaga, 5.078 más que el pasado año.

Visitantes en el museo Chillida
Visitantes en el museo Chillida | EFE

Eduardo Chillida murió en 2002, dos años después de haber visto cómo su sueño tomaba forma en Chillida Leku. El museo ha cerrado hoy sus puertas y ahora sus herederos buscan con las instituciones una solución para que el proyecto del escultor no quede reducido a la brevedad de una década.

La familia Chillida y los representantes públicos confían en que la reapertura del museo de Hernani (Guipúzcoa) se produzca en los próximos meses, pero el anuncio del cierre y su incierto futuro ha ejercido de efecto llamada y el número de visitantes casi se ha triplicado en diciembre con respecto a las cifras de 2009.

Desde el pasado día 1, cuando los Chillida hicieron pública la imposibilidad de mantener abierto el museo, 8.329 personas han acudido a las campas del caserío de Zabalaga, 5.078 más que el pasado año. En la semana del 24 al 31 de diciembre, las cifras se han quintuplicado -de 832 visitantes en 2009 a 4.325-.

Hoy, antes de abrir por última vez, casi un centenar de personas guardaba cola para entrar. Finalmente lo han hecho 425. Los barceloneses Carles y Anabel eran los primeros en acceder al recinto y también un barcelonés, Jaime, el último en abandonar el lugar que Chillida pensó para que pudieran "descansar" sus esculturas y la gente caminara entre ellas "como por un bosque".

Ellos y quienes han paseado entre las grandes obras de acero del creador donostiarra y entre las esculturas de menor tamaño que acoge el viejo caserío del siglo XVI han expresado su pesar por el cierre del museo. "Es muy triste que ya no pueda venir nadie a verlo", ha comentado Gerome, un parisino que se ha acercado con su mujer hasta Hernani. La misma opinión que comparte su compatriota Housset, un vecino de una localidad próxima a Biarritz muy interesado en la obra de Chillida porque él también trabaja "con el hierro", aunque no es escultor.

Sólo uno de los ocho hijos de Chillida, Ignacio, ha estado en el museo. Luis, el director, no lo ha hecho. Anoche dijo a Efe que deben encontrar soluciones para un proyecto a largo plazo, "para que el museo pueda permanecer ahí para siempre". La consejera vasca de Cultura, Blanca Urgell, ha señalado que hay "muchas" opciones sobre la manera de colaborar entre las instituciones en la financiación del museo, desde la compra total o parcial de la propiedad a sufragar parte del gasto corriente para hacer frente al déficit.

"Hay que tratar de llegar a un acuerdo, que contemple además el hecho de la crisis y de que todas las instituciones tenemos los presupuestos muy ajustados", ha declarado a Efe. Mientras los responsables políticos confían en que el museo se pueda reabrir en primavera, su director no se atreve a "marcar plazos". De momento, la última imagen de Chillida Leku es la del cartel con la leyenda "Cerrado desde el 1 de enero de 2011", que sus empleados han colocado con lágrimas en los ojos sobre el portón de entrada pasadas las 13.30 horas.

Son 23 personas que han perdido su puesto de trabajo y a los que el nuevo año recibe con un ERE de seis meses. Las esculturas de Chillida han quedado solas en ese bello paraje guipuzcoano, junto a la naturaleza con la que el escultor quiso que dialogaran, muy cerca del magnolio bajo el cual reposan sus cenizas.

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