Lo primero, las labores de limpieza. Las máquinas pasan por las calles para retirar los restos de la fiesta nocturna y dejar el pavimento listo para que los mozos corran sin ningún riesgo añadido al de los toros.
También hay que tapiar las puertas de los establecimientos: colocar refuerzos para evitar la entrada de algún toro 'despistado'.
Y entran en acción los pastores: los hombres que irán a sacar a los cabestros y a los toros para el inicio del encierro. Vestidos con camiseta verde y un letrero en la espalda que pone 'pastores', y ayudados por una vara, son los responsables de ir conduciendo por detrás a la manada y evitar que algún mozo se rezague y tiente a algún animal por detrás.
Minutos antes del encierro, concentración de los mozos, algún rezo y ejercicios de calentamiento: las piernas y la cabeza tienen que estar en perfecto estado para correr delante de los toros. Y empiza, una vez más, el espectáculo diario.