Un hombre se cuela por la ventana en esta caseta de regadío andaluza. La oscuridad de la noche y la lejanía de una zona poblada le ampara. Provisto de una cizalla recorre la nave en busca cualquier objeto de metal. Le sigue su cómplice, encapuchado y con una barra de hierro. Él se encarga de eliminar las pruebas: descubre las cámaras de seguridad y las destroza.
El dueño de una caseta de regadío nos cuenta que cuando entran arramplan con todo, se llevan los motores, toda la valvulería, la tornillería, no dejan ni las ventosas.
Sólo en la provincia de Sevilla, las pérdidas de los regantes ascienden a más de cien mil euros en lo que va de año. Al gasto de reparar el material hay que sumar los daños en la cosecha por falta de riego.
Los robos en el campo no sólo afectan a los agricultores. En este caso el objetivo es un taller especializado en la reparación de maquinaria agrícola. Son delincuentes habituales en el área rural de Valladolid. En veinte minutos sustraen el material.
La desesperación ha llevado a estos agricultores vallisoletanos a organizar patrullas. Recorren cada noche los 120 km de su área de regadío para disuadir a los ladrones.
Ignacio Arias, presidente de la Unión de Campesinos de Valladolid, asegura que este año han robado a todos los agricultores de Sieteiglesias al menos una vez.
El año pasado se produjeron en España casi 20500 robos en explotaciones agropecuarias.
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