Una patera está considerada de 'primera categoría'. Sus ocupantes son jóvenes argelinos, que ríen y charlan tranquilamente, mientras cruzan el Estrecho.
No tienen miedo, ni preocupación. La embarcación está en perfecto estado y tiene suficiente combustible para llegar a tierra. El patrón de la barca, el llamado 'paterista', es quien les graba con su móvil.
La realidad es muy distinta. En uno de los últimos rescates de una patera en alta mar, la embarcación va sobrecargada y a la deriva. Una de las mujeres está agotada y apenas puede respirar.
Poco a poco van siendo rescatados, pero hay ocupantes que están al borde de la muerte y no pueden moverse. Las mafias de la inmigración están perfectamente organizadas y no tienen escrúpulos con los que caen en sus manos.
Actualmente hay dos rutas bien definidas. Los inmigrantes no llevan documentación, ni teléfono para evitar que descubran de dónde proceden y por dónde han pasado.
En los últimos seis meses han sido interceptadas 170 embarcaciones y se han rescatado a 2.600 personas.
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