Rondan los setenta años. Jubilados, mayores pero activos. Y sobre todo sin miedo al mundo de la informática.
Mayores y voluntarios que todas las semanas entran en la cárcel de Teixeiro en Coruña para convertirse en profesores de informática de los presos que cumplen condena.
Loli es una de las voluntarias: “La informática nos cuesta un poco más que a los jóvenes, nos lleva un poco mas de tiempo pero vamos aprendiendo. Hay personas mayores que dominan muy bien las nuevas tecnologías”.
Para la mayoría de los voluntarios, la primera vez que entraron en una prisión fue toda una experiencia: “Ahora no tenemos miedo ninguno, pero al principio sí lo pasas porque no sabes lo que es una cárcel: sabes lo que ves en las películas, recuerda Antonia.
A los presos les enseñan nociones básicas de informática para que puedan enfrentarse al manejo de un ordenador. La edad no es ninguna barrera, y la relación que establecen los voluntarios con los internos resulta beneficiosa para todos.
Una oportunidad para los presos. Pero también para los mayores.
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