En 1945, una gamberrada entre jóvenes provocaba el nacimiento de una fiesta popular: la Tomatina. Uno de los fundadores de esa tradición es Goltrán Zanón, que cuenta que los primeros tomates iban para aquellas personas a las que veían "bien vestidos". "Y así un año, y otro año... y cada vez más", explica. Entonces, Zanón tenía 13 años.
Casi una dácada más tarde, en 1954, las autoridades quisieron prohibir la fiesta. En señal de protesta, los jóvenes convocaron a los vecinos. "Organizamos un entierro: todos de luto y llorando", recuerda Zanón sobre cómo fue la protesta. Su éxito fue rotundo y, desde entonces, se autiriza la fiesta del tomate.
A pesar de la repercusión internacional que la tradición ha alcanzado, los habitantes de Buñol añoran los primeros años. No obstante, el espectáculo visual es de tal magnitud que ha servido de escenario para anuncios publicitarios, videoclips musicales y películas internacionales.
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