Un año después, el alcalde de Villar de Cañas, en Cuenca, sigue trabajando en su empresa, como siempre, aunque en el pueblo algo ha empezado a moverse. Cuando abra el Almacén Temporal Centralizado, conocido como cementerio nuclear, en el pueblo hará falta de todo: restaurantes, hoteles y tiendas.
El primer síntoma de prosperidad se ha notado en la demografía. Hace un año había censados 450 habitantes; hoy son algo más de 500. Y siguen llegando candidatos para vivir y trabajar en el pueblo.
Juan Vicente ha venido desde Valencia a abrir el único gimnasio de la comarca. Enfrente del gimnasio, Nieves ha abierto un supermercado. También hay farmacia, centro de salud, varios bares y restaurantes. Incluso la gasolinera cerrada desde hace décadas, abrirá en breve.
A dos kilómetros del pueblo, los trabajos de construcción del almacén ya son visibles: hay maquinaria haciendo análisis de los terrenos definitivos donde irán las instalaciones.
Aunque a lo largo de este año se han oído voces contrarias al cementerio, el dinero ha comenzado a fluir. Aún tendrán que esperar al menos cinco años a que abra el almacén para comprobar si esta fiebre del oro da sus frutos.
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