Las cámaras graban cómo un individuo acaba de saltar la valla que separa Melilla de Marruecos. En este caso se trata de un intento aislado, pero cada cierto tiempo se producen asaltos masivos y coordinados. Son cientos de inmigrantes que de forma simultánea trepan con rudimentarias escaleras las alambradas: dos vallas paralelas de seis metros de altura cada una que rodean la ciudad de Melilla. Once kilómetros vigilados por cámaras y sensores.
Son inmigrantes subsaharianos que a menudo pasan semanas, incluso meses, acampados en las cercanías de la valla esperando el mejor momento para saltar.
En medio de la avalancha siempre hay heridos, en ocasiones muertos. En su huida hacia el territorio español, quedan enganchados en el alambre. Como testigos del asalto quedan repartidos por el suelo los restos de la ropa de los inmigrantes.
Hace seis años, la valla fue sustituida por otra de doble de altura y se reforzaron las medidas de seguridad. Desde el COS, el Centro Operativo de Seguridad, se vigila día y noche todo el perímetro.
Aun así, la cerca sigue sufriendo asaltos masivos; avalanchas que, tras varios meses de tranquilidad, se han multiplicado desde el pasado mes de agosto.
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