Hasta este hospital de la capital de Sudán del Sur, Juba, llegan a diario niños con desnutrición aguda, que pesan la mitad de lo que deberían pesar para su edad. Es el único hospital pediátrico del país. Un perímetro de brazo inferior a 12 centímetros es la zona roja de la desnutrición que los deja indefensos ante otras enfermedades que en el centro de África pueden ser mortales.
Este era Emanuel hace dos semanas, con el cuerpo hinchado por los edemas. Hoy está recuperado después de un tratamiento de dos semanas que cuesta 40 euros. En lo que va de año, organizaciones como Unicef llevan tratados a 70.000 niños en el país; pero son más de 200.000 los que están en riesgo.
Una situación que se agrava en las zonas rurales. Simón lleva varios días con fiebre alta, un mosquito podría haberle transmitido la malaria. Si se ha infectado, tendrá que quedarse ingresado.
Son nueve millones de habitantes; la mitad, menores de edad. Es el país más joven del mundo. Consiguió la independencia en el 2011 después de varios años de conflicto con su vecino Sudán, una guerra que arrasó la mayoría de las infraestructuras y que también golpeó a la infancia, dejando huérfana a toda una generación.
El gobierno, apoyado por organizaciones internacionales, ha conseguido reducir los índices de pobreza, pero tienen mucho camino por delante: reconstruir un país empezando por el principio, la infancia.
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